Los fantasmas de Catedral

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Pedro Flores

Hablar sobre la Catedral, no es solamente referirse a esa gran construcción que en  1524 Hernán Cortés ordenó construir, justo encima del templo de Quetzalcóatl, sino también de los tesoros artísticos que posee, pero sobre todo de las leyendas de muertos y tragedias que pesan sobre de ella.

Si bien las primeras obras se desarrollaron de 1524 a 1532 sobre las ruinas de una pirámide mexica y estuvieron a cargo del maestro Martín Sepúlveda, cuando el templo estuvo listo las autoridades pensaron que era modesto para una ciudad tan importante y planearon edificar otro.

En 1562 se trazaron los planos y en 1572 comenzó la obra. El principal problema era la cimentación, pues el suelo de la zona es lodoso ya que hasta ahí llegaba el Lago de Texcoco. Para 1629 la obra se suspendió a causa de una inundación, pero luego se retomó y en 1667 ya estaba listo el interior.

Al inicio del siglo siguiente aún no se realizaban las torres ni la fachada. Entre 1749 y 1768 se construyó el Sagrario Metropolitano al lado de la iglesia principal. En 1787 se encargó a José Damián Ortiz de Castro proseguir con el trabajo del templo mayor. Logró levantar las torres, pero no realizó la fachada pues murió en 1793. Su sucesor fue Manuel Tolsá. La obra quedó lista en 1810.

El viejo campanero jubilado Leopoldo Flores López, manifestaba que a través de más de 30 años en las torres de Catedral, se acostumbró a muchas cosas “raras”, como cuando en 1979 al terminar los repiques de navidad escuchó claramente que alguien subía por las escaleras, sintió un aire gélido junto a él y sólo se quedó rezar.

 “En otra ocasión  vi a un cura caminar sin pies por la bóveda de la nave mayor, lo vi claramente, llevaba un breviario en las manos, prácticamente me quedé paralizado, al igual que cuando en ocasiones estaba por retirarme, he escuchado claramente que alguien me llamaba  por mi nombre, y aunque respondía nadie contestaba”, comentó.

Pero un hecho irrefutable, agrega, es la piedra que estaba junto a la escalera de caracol, cada ocho días tenía que volver a colocarla en su lugar, porque se mueve alrededor de la escalera de ascenso, “son cosas que no comprendo, pero se dieron aquí en las torres de campanario de catedral”, explicó.

La campana asesina

Don Leopoldo Flores recuerda que en la década de los sesentas, un Jueves de Corpus, uno de los jóvenes espontáneos que iban a ayudar a tocar las campanas, no calculó la vuela y uno de los bronces sin nombre lo golpeó en la cabeza, sus dos toneladas lo mataron inmediatamente… Con motivo de este suceso, se pintó en la campana una cruz roja y se la llama la “Campana Castigada”.

 “En la parte de madera de la base de la campana se quedaron los cabellos y la sangre durante algún tiempo, hasta que dos sacerdotes subieron a rezarle y me pidieron que le quitara el badajo , advirtiéndome que ellos definirían cuando se volvería a colocar”, detalló.

Tuvieron que pasar 10 años, dijo el entrevistado, para que otros dos sacerdotes subieran y le rociaran agua bendita, “para luego ordenarme que le colocara nuevamente el badajo, indicándome que se podría volver a usar, así es que la castigaron por 10 años”.

Por haber sido construida sobre un gran templo, no son muchos los que saben que en el subsuelo de este recinto hay restos prehispánicos y de arquitectura colonial que realmente están ocultos al público por no darse las condiciones de seguridad precisas. Lo que sí pueden verse son cuatro ventanas que están colocadas en el suelo y muestran restos de esos vestigios.

Gracias a esas “ventanas al pasado” se pueden contemplar parte de los muros de antiguos templos, fragmentos de columnas o escalinatas, entre otros. También es posible apreciar restos de una antigua capilla, algunos muros de la época colonial y azulejos de los siglos XVII y XVIII, que son parte de una gran cultura que debemos apreciar.

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