Enrique Escobedo

Con preocupación veo que la censura crece en nuestro país. Es cierto que la presidenta Sheinbaum se ha pronunciado en sus conferencias mañaneras en contra de acallar las voces y plumas de periodistas. Pero la realidad es que mediante subterfugios leguleyos en las entidades de la república, miembros de la clase política sobre todo muchos integrantes de Morena han logrado imponer unidimensionalmente sus criterios a fin de suprimir poco a poco la libertad de expresión. A los poderosos les molesta que se les exhiba en francos abusos de poder, que se les exhiba como incompetentes y que se les cuestione su gestión. De ahí que menosprecien las críticas y estigmaticen a los articulistas, analistas y editorialistas de pertenecer a la “comentocracia”. Léase, una masa amorfa y crítica al gobierno a la que – según sus corifeos – no hay que creerle.

Afortunadamente con los teléfonos celulares se fotografía y graba en video a políticos en situaciones no deseables para ellos. Así tenemos que las redes sociales difunden a encumbrados morenistas que derrochan riqueza en sus vacaciones. Por supuesto que lo pueden hacer si se trata de sus recursos y están en sus merecidas vacaciones. Sin embargo, la desconfianza popular los señala y las respuestas gubernamentales han consistido en emitir leyes mordaza.    

En lo personal me preocupa que la reacción gubernamental ante las críticas consista en acallar al periodismo y censurar a los medios. La lista de gobiernos estatales que emiten normas jurídicas a fin de censurar a la crítica crece y, en el colmo del cinismo, la respuesta federal consiste en decir que ella se opone a la censura. Pero no va más allá. Ergo, Morena está desplegando una estrategia de censura que empieza en algunas entidades federativas y que, cuando nos demos cuenta, ya habrá cubierto todo el territorio nacional.   

La ofensiva de intimidación velada en contra de periodistas y medios de comunicación empezó el sexenio pasado. El tabasqueño sostenía que en el nombre de la libertad de expresión señalaba a la prensa corrupta, chayotera y vendida. Por supuesto que nunca lo demostró. Peor aún, inventó una sección en su conferencia mañanera intitulada “Quién es quien en las mentiras” a fin de sembrar dudas y desorientar a la ciudadanía. Ahora, con la gestión Sheinbaum la estrategia silenciosa de la censura crece.

Por supuesto que el artículo sexto constitucional no se modificará y en el papel quedará asentado que en México existe la libertad de expresión y de manifestación de ideas. Pero será letra muerta, ya que la futura Corte de Suprema Justicia no reconocerá lo anticonstitucional de las leyes estatales. Es decir, los eufemismos leguleyos con los cuales crece la censura se habrán desplegado y las interpretaciones a esos ordenamientos legales serán que protegen al pueblo de “comentócratas” irresponsables y traidores a la patria.

En la práctica la oposición partidista está borrada, los poderes legislativo y judicial están subordinados, el federalismo está asfixiado, el acceso a la transparencia y el derecho a la rendición de cuentas están controlados, el Instituto Electoral entorpece el proceso de creación de nuevos partidos, el temor social ante la delincuencia crece en buena medida porque ya salió a la luz pública que, efectivamente, existen alianzas entre políticos de Morena y el crimen organizado y, por si fuera poco, la ciudadanía estará maniatada con la credencial de identidad biométrica. Léase, estamos en la antesala de un gobierno totalitario.

La capacidad de respuesta ciudadana está fragmentada y las manifestaciones sociales son cuantitativamente pequeñas. Los espacios críticos, como IMPAR, son poco leídos y por lo mismo no estamos formando la deseable masa crítica. Lo mejor que podemos hacer es votar en el 2027 por la oposición. De otra manera, las sombras de la censura serán sombras de silencio hospedadas en los hogares mexicanos.