· incidencia delictiva en México se mantiene como uno de los problemas más graves y persistentes, pese a los discursos oficiales de la autodenominada Cuarta Transformación
· Durante 2024, la situación empeoró: la tasa de victimización creció de manera significativa, alcanzando 24 mil 135 víctimas de algún delito por cada 100 mil habitantes
María Escalante García
La incidencia delictiva en México se mantiene como uno de los problemas más graves y persistentes, pese a los discursos oficiales de la autodenominada Cuarta Transformación. Durante 2024, la situación empeoró: la tasa de victimización autoreportada creció de manera significativa, alcanzando 24,135 víctimas de algún delito por cada 100,000 habitantes, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe) elaborada por el Inegi.
Este dato revela una dura realidad: casi una cuarta parte de la población fue víctima de algún ilícito en el último año, lo que refleja la incapacidad del actual gobierno para garantizar condiciones mínimas de seguridad. Lejos de la promesa de “pacificar al país”, los números confirman que el ciudadano común vive más expuesto que nunca a robos, fraudes, extorsiones y violencia.
A pesar de que la estrategia de “abrazos, no balazos” fue presentada como un cambio de paradigma en materia de seguridad, los resultados muestran que se ha convertido en una política fallida. La criminalidad no ha cedido terreno y, por el contrario, se extiende ante un Estado debilitado y una autoridad que insiste en minimizar la crisis.
En paralelo, la percepción ciudadana sobre inseguridad también se mantiene en niveles críticos. La Envipe detalla que la mayoría de los mexicanos considera que su ciudad es insegura, lo que no solo afecta la calidad de vida, sino también la confianza en las instituciones. La impunidad, estimada en más del 90% de los delitos, refuerza la desconfianza hacia ministerios públicos, policías y jueces.
El gobierno federal ha preferido concentrarse en su narrativa política antes que en resolver la realidad que golpea a millones de familias. Los 24,135 delitos por cada 100 mil habitantes en 2024 no son solo una estadística: son millones de historias de víctimas que no encuentran justicia ni protección en su propio país.
La 4T llegó prometiendo seguridad, pero seis años después, México sigue siendo un territorio donde reina el miedo y donde el ciudadano paga las consecuencias de una política fallida que priorizó los slogans sobre la acción.
Cifras que contradicen el discurso oficial
El dato implica que casi una cuarta parte de la población sufrió algún ilícito en el último año, lo que evidencia un aumento significativo frente a años anteriores y coloca a la inseguridad como uno de los principales problemas nacionales. Mientras el gobierno insiste en defender su política de “abrazos, no balazos”, la realidad es que los ciudadanos se enfrentan diariamente a robos, fraudes, extorsiones y violencia en las calles y en sus propios hogares.
A nivel nacional, la percepción de inseguridad sigue en niveles críticos: la mayoría de los mexicanos considera que vivir en su ciudad es peligroso. Este clima ha provocado cambios en la vida cotidiana, desde limitar salidas nocturnas hasta modificar rutas de traslado por temor a ser víctima de un delito.
Una estrategia cuestionada
La administración federal ha justificado la falta de resultados en la herencia de gobiernos anteriores; sin embargo, tras seis años de gestión, la estrategia se muestra agotada. La militarización de la seguridad pública no ha logrado frenar la incidencia delictiva, mientras que las corporaciones policiacas locales permanecen debilitadas y sin recursos suficientes.
Especialistas señalan que el problema no solo radica en el número de delitos, sino también en la impunidad: más del 90% de los casos no se denuncian o no llegan a resolverse. Esto significa que, además de enfrentar la violencia, las víctimas deben cargar con la frustración de no recibir justicia.
Víctimas invisibles
Las cifras de la Envipe representan millones de historias individuales: familias que han perdido su patrimonio por un robo, pequeños negocios obligados a pagar cuotas de extorsión, mujeres que viven con miedo al acoso y comunidades enteras atrapadas entre el crimen y la indiferencia de las autoridades.
Cada una de estas historias contradice el optimismo del gobierno federal, que insiste en hablar de estabilidad y reducción de violencia, cuando los datos del propio Inegi confirman lo contrario.
El saldo de la 4T
Con más de 24 mil víctimas por cada 100 mil habitantes, 2024 quedará registrado como un año en el que la inseguridad siguió creciendo y en el que el gobierno de la 4T no logró ofrecer respuestas concretas. Lejos de los slogans y los discursos, los números del Inegi evidencian que la promesa de pacificar al país se ha quedado en el aire.
Mientras tanto, la vida diaria de millones de mexicanos sigue marcada por el miedo, la desconfianza en las instituciones y la sensación de que la justicia no existe.















