Francisco Rodríguez
En cientos, muy en probablemente miles de catedrales, iglesias y parroquias de la fe católica sus pastores, cardenales, arzobispos, obispos y sacerdotes de todas las Arquidiócesis en las que está dividido el país se manifestaron este domingo en contra de la violencia y la pasividad –que a veces parece complicidad– de los gobiernos federal y estatales.
“La violencia en México no es cosa nueva, es uno de los mayores flagelos que nos lastiman desde hace años, y parece que no tenemos tregua, sino que más bien, se agudiza”, puede leerse en el semanario Desde la Fe, en su edición más reciente.
Para este martes a las 15 horas y a invitación de la Conferencia del Episcopado Mexicano se tiene programado que en todos los templos las campanas toquen a repique en otra señal más de protesta por los aún impunes asesinatos, hace ya un año, de los jesuitas Javier y Joaquín, quienes intentaron detener al criminal que mató al guía de turistas Pedro Palma, justo dentro de la iglesia de Cerocahui, en la Sierra Tarahumara.
Son ya casi tres decenas de asesinatos de sacerdotes católicos en los últimos cinco años.
Son ya más de 150 mil niños, mujeres y varones quienes han perdido la vida por la violencia en el último quinquenio.
Y no, los del clero no son actos hipócritas, calificativo que endilgó Andrés Manuel López Obrador no ha mucho a los sacerdotes católicos. Ahora sí que, como reza el refrán, “el comal le dijo a la olla”.
Porque, pese a la cotidianeidad de esos eventos criminales –igual los provocados por los delincuentes que aquellos que las fuerzas militares y policiacas “abaten”–, muchos aún nos seguimos conmoviendo y hasta enfureciendo ante la cómplice política de López Obrador de abrazar y no balear; de respetar los derechos humanos de los criminales porque, dice él, también lo merecen; de llamar “señores” a reconocidos asesinos, de…
La semana que recién terminó, por ejemplo, muchos volvimos a solidarizarnos en redes sociales ante el video de “una joven (que) se dirige a los secuestradores de su padre y no al gabinete de seguridad de @lopezobrador_ o al del gobernador @EnriqueAlfaroR. Una muestra de que hay más esperanza en la piedad de la mafia que en la eficacia del estado mexicano”, como escribió el colega @RamsesAncira en su cuenta de Twitter.
De nada sirvió. No hubo el menor asomo de piedad. Secuestrados en Huejúcar, Jalisco, el empresario ganadero Víctor Manuel Ponce y su trabajador Luis Fernando García fueron hallados muertos en Zacatecas días después de haber sido secuestrados.
Tampoco sirvió de nada que Ponce y su familia hubiesen emigrado hace 10 años de Saucillo, Chihuahua, ante el clima de violencia desatado también en esa entidad del país.
“Reconocemos que las causas de la violencia en México son diversas y complejas: injusticia, corrupción, desigualdad y polarización, son algunos fundamentos de ésta; que, en tanto su gran complejidad, requieren de acciones complejas”, se lee también en el semanario católico.
Y ya vimos que para ello no contamos con AMLO, quien –sin ser ningún Quijote— ha vuelto a toparse con la Iglesia.
“La favorita” y su antifeminismo
Los textoservidores de Claudia Sheinbaum lloraron tinta el fin de semana.
Que su feminismo… que el paternalismo… que es víctima del machismo… que…
Empero, aquí y en otros espacios no es tal lo que se le cuestiona.
Sí, en cambio, su incongruencia.
Porque si alguien ha reprimido con violencia las manifestaciones feministas ha sido ella.
Sheinbaum tiene también el nada envidiable récord oficial de que CDMX haya superado en feminicidios a localidades como Ciudad Juárez o varias más del EdoMex y de Guanajuato, por ejemplo.
La capital nacional se ha convertido, con ella al frente del gobierno, en la entidad donde más quejas por abuso han presentado las mujeres… sin que “su” Fiscalía haya resuelto ningún caso… al menos que se sepa.
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