El jefe del Grupo Wagner, Yevgueni Prigozhin, quien lideró el fin de semana una rebelión contra la cúpula militar rusa, dijo en sus primeras declaraciones tras el fallido motín que solo buscaba salvar de la desaparición a la empresa militar privada y no cambiar el poder.

El objetivo de la marcha era evitar la desaparición de Wagner (…) No buscábamos derrocar el poder en el país”, dijo.

Prigozhin señaló que esta unidad “debía dejar de existir el 1 de julio a consecuencia de las intrigas” de la élite militar rusa.

Se trata de la fecha tope establecida por el presidente ruso, Vladímir Putin, y el ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, para que todos los voluntarios que participan en la guerra en Ucrania debían firmar contratos con Defensa, con lo cual el Grupo Wagner, que rechazaba esta condición, quedaría proscrito.

Apuntó que “solo unos pocos combatientes del ejército privado accedieron a firmar el contrato con el Ministerio de Defensa” y añadió que la obligación de subordinarse a Shoigú y al jefe del Estado Mayor, Valeri Guerásimov, se puso sobre la mesa “en el momento menos adecuado”.