Alicia Alonso, la bailarina cubana más reconocida a nivel mundial y quien murió este jueves, tejió varias leyendas a su alrededor, algunas asociadas a su virtuosismo técnico e interpretativo dentro de obras clásicas, otras a la decisión de seguir bailando pese a la progresiva pérdida de visión y la voluntad de mantenerse activa en escena hasta muy avanzada edad. 

Fundadora del American Ballet Theatre en Estados Unidos, y del Ballet Nacional de Cuba, al cual dirigía, se convirtió en una de las personalidades más relevantes en la historia de la danza y constituye “la figura cimera del ballet clásico en el ámbito iberoamericano”, de acuerdo con la Enciclopedia Colaborativa Cubana (Ecured). 

 Su actividad profesional comenzó durante 1938 en Broadway, al debutar en las comedias musicales Great Lady y Stars in your eyes. Un año más tarde ingresó al American Ballet Caravan, antecedente del actual New York City Ballet. Se incorporó al Ballet Theatre of New York en 1940, año de su fundación, momento en el cual inició su carrera como intérprete de las grandes obras del repertorio romántico y clásico. 

Alicia Alonso, llamada por sus amigos como “Hunguita” o “Hunga” (por ser muy morena, de pelo y ojos negros, pareciendo una “pequeña húngara”), desde  muy niña comenzó su vida en el mundo de la danza, cuando viajó con su hermana mayor a España, lugar en donde aprendió a tocar las castañuelas y los rudimentos de las danzas españolas. 

Fuente: Notimex

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