• El oclócrata López comenzó a fraguar su reelección para el 2024, al muy estilo de Porfirio Díaz, con inflexión huertista
  • Manipulación del Caín de Macuspana en relación a la Revocación de Mandato
  • El dosificado exceso de saña y maña de López Obrador para no respetar el apotegma “¡Sufragio efectivo, no reelección!”

BLAS A. BUENDÍA

Reportero Free Lance

filtrodedatospoliticos@gmail.com

“Revocación sí, pero por 30 millones de votos”, es la clara lectura que se le pueda definir a la perversión de poder del actual oclócrata que manipula los destinos de la nación desde el escritorio presidencial de Palacio Nacional que alguna vez ocupara por tres décadas el dictador oaxaqueño Porfirio Díaz y que está inspirado en la doctrina nazi de Adolf Hitler y del asesino Victoriano Huerta.

Su perversa alegoría se amalgama en cuentas y deleites del Jefe del Ejecutivo federal, que en lugar de ponerse a gobernar, claramente sigue ahora en una campaña demoledora, bajo pretexto de su Cuarta Transformación, pretender instaurar un modelo oclocrático de gobierno, antesala del neo-nazismo en México.

De seguir por esa espiral, lo único que estará consiguiendo es la pulverización no solo de las instituciones, sino de la unión tácita de la República, en aras de mantener un férreo control de su imperio.

Si bien el término Oclocracia forma parte de lo que es el gobierno de la muchedumbre, se interpreta como la forma de degeneración y degradación de la democracia.

Del mismo modo, una especie de monarquía que todo lo que toca lo empeorar, lo conlleva a la tiranía y en consecuencia, la Cuarta Transformación de la “honestidad valiente” en una aristocracia enajenada, por una oligarquía abyecta, so pena que López se dice “no ser vengativo” porque “ese no es su estilo”, pero en la práctica la tiene considerada como un mecanismo de intimidación y control.​​

Según el Pequeño Larousse, a veces se confunde con la tiranía de la mayoría dado que ambos términos están íntimamente relacionados.​ De tal suerte que si México sigue equivocándose en las urnas, ese será su desagradable destino y del gobierno que merece, que es la opresión en todos los sentidos.

En las elecciones de julio de 2018, López Obrador  NO ganó sino más bien triunfó el satanismo, perseverante en el conjuro del resentimiento, la envidia, el fracaso, la decepción, el odio y el oportunismo. Esas facetas forman parte de su fiel balanza  de destrucción. Eso fue lo que ganó y eso es lo que gobierna.

En este consecutivo de hechos, López Obrador es el gran maestro de la simulación, la mentira y su bizarría le ha permitido no solo engañarse asimismo, sino enganchar a la plebe para cometer flagrantes violaciones a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Velozmente ha hecho caer al país en el desgobierno.

México ya rebasó el limbo de la anarquía y, lo peor, avalado por 30 millones que pertenecen a una pasmosa Legión de Idiotas que son cómplices al avalar para que el Peje pisotee las leyes, y estar atentos a las órdenes del Virrey tabasqueño, el famoso Caín de Macuspana, Andrés Manuel López Obrador.

En la nota de ocho columnas del periódico El Heraldo, que se intitula “Revocación sí, pero por 30 millones de votos” (domingo 22 septiembre 2019), crea un entusiasmo de mayores dudas. La anarquía sería el paso fatal de la República, a grado de resellar la imagen de un país bananero, dominado no solo por la ignorancia, sino por el crimen organizado que a diario ha dejado una estela de difuntos al por mayor, a lo largo y ancho del territorio.

¡Y López Obrador, bien gracias! Con su chistosa Ley de Amnistía busca redimir no solo los fracasos de gobiernos anteriores, sino implantar su propio récord de inseguridad en toda la nación ya que en sus primeros ocho meses se han registrado más de 20 mil asesinatos que, seguramente, quedarán en la impunidad.

Críticos y analistas advierte que es una falacia presumir que “la revocación del mandato al Presidente de la República será procedente siempre y cuando se reúna como mínimo la misma cantidad de votos que lo llevaron al cargo”, es decir, más de 32 millones de personas.

Lo lamentable de todo ello, el Virrey de Palacio Nacional, el Caín de Macuspana quien de un balazo en la cabeza mató a su hermano Ramón en un arrebato juvenil, se reafirma su sistema de artificios que rompen toda regla de legalidad constitucional.

Al pueblo de México, sin embargo, ha sido víctima de los oclócratas, éstos siempre le han visto la cara de paisano. Los agentes de poder político abusan de su “inocencia” y de su nula intelectualidad; el histrionismo con que se desempeña López, retroalimenta a una Legión de Idiotas, como un filósofo de Bucareli los definió con objetiva exactitud a su ciego entreguismo.

Pero la pandilla que manipula López en el Congreso, ante la luz de las circunstancias, su destreza por pasarle la charola al Señor de Palacio Nacional es latente. La Cuenta Secreta de Presidencia es para sobornar y corromper las enclenques voluntades de los morenos que muchos de ellos presumen de su ignorancia y estupidez al hacer uso de la máxima tribuna de la nación, donde no saben expresarse correctamente así como en las entrevistas callejeras que ofrecen a los reporteros de la fuente política, dan de por sí mucha pena.

Destacar, de igual manera, que en la elección de 2018, López Obrador obtuvo 30 millones 113 mil 483 sufragios, equivalentes al 53.1% de la votación. Esa misma cifra tendrá que alcanzarse para una eventual remoción del cargo, acción por demás caricaturesca para aplicar supuestos candados e ir fraguando la reelección del nuevo Victoriano Huerta encarnecido en la figura de López Obrador.

Si bien habría que reconocer que el político tabasqueño es el Presidente más votado en la historia democrática de México y de todo el Continente Americano, desde el polo norte hasta la Patagonia, fue porque hubo una mayor participación ciudadana. Ejemplo mundial, pero sin un horizonte adecuado.

Incluso, el 19 de marzo/2019, firmó un manifiesto dirigido al pueblo de México para someterse a la Revocación del Mandato. “Ciertamente, fui elegido para ejercer la Presidencia durante un sexenio, pero según nuestra Carta Magna el pueblo tiene en todo momento el derecho de cambiar la forma de su gobierno, es decir, el pueblo pone y el pueblo quita”.

Para cumplir ese compromiso –continúa el manifiesto- envié al Congreso una iniciativa de reforma constitucional para llevar a la práctica este mecanismo de democracia participativa. Sin embargo, mis adversarios políticos, los conservadores –que creen que soy como ellos porque su verdadera doctrina es la hipocresía-, vociferan que la propuesta de someterme a la revocación del mandado encubre la intención de reelegirme en 2024.

En las consideraciones del proyecto, se exponen casos como Perú, donde la Revocación de Mandato es vinculatoria cuando participa al menos 50% del electorado y la mitad más uno de los votos válidos respalda la revocación.

Empero, en ningún país se toma en cuenta la votación que obtuvo el funcionario al resultar electo, añade el proyecto de las Comisiones Unidas de Puntos Constitucionales y Estudios Legislativos Segunda, presididas por los morenistas Eduardo Ramírez y Ana Lilia Rivera.

El candado planteado es uno de los cambios a la minuta proveniente de la Cámara de Diputados, la cual busca aprobar el Senado a fines de mes o inicios de octubre.

En este sentido, el senador de Movimiento Ciudadano Samuel García, explicaría estar en desacuerdo con la restricción, la cual atribuyó a Morena. “Jamás se van a juntar 30 millones de votos, tiene que ser un número real para que proceda la revocación”, insistió el legislador.

El proceso de revocación del Ejecutivo federal se hará en una sola ocasión mediante una votación libre, directa y secreta que organice el Instituto Nacional Electoral, previa convocatoria emitida por el Congreso de la Unión.

El Poder Legislativo puede convocar a petición de 3% de ciudadanos del listado nominal de electores; 33% de los legisladores de alguna de las dos cámaras o del propio Presidente, lo cual no ha cambiado respecto de la iniciativa. En lugar de realizarse el día de la elección en este caso de 2021, se propone que sea “en fecha posterior a cuatro meses de haberse realizado la jornada electoral federal para la renovación de la Cámara de Diputados”.

Estos temas siguen sin consenso, pues bancadas de oposición como Acción Nacional, el PRD y Movimiento Ciudadano piden que los ciudadanos sean los únicos facultados para pedir la consulta. En el caso de la fecha, Acción Nacional propone que sea después del 1 de diciembre y MC, hasta enero de 2022.

Y como dice el dicho: “Mientras sean peras o sean manzanas”, el Poder Ejecutivo y el Legislativo, así como el Judicial, deben de ponderar la mayor valides que se observa en los preceptos de la Constitución de México, la cual fue diseñada por el Constituyente de 1917 para no quitarle ni su espíritu, ni mucho menos su autonomía pese a las constantes enmiendas que hacen los gobiernos en turno, es decir, se debe evitar la perversión destructiva e ideológica del neo-nazi de Palacio Nacional, identificado como Andrés Manuel López Obrador.

¡SUFRAGIO EFECTIVO, NO REELECCIÓN!

Ese tipo de acciones, la Carta Magna malgama un extraordinario candado ante la asechanza de los enemigos internos y externos que siempre han intentado violentar la independencia y autonomía de México.

“¡Sufragio efectivo, no reelección!”, conceptualización constitucional instaurada por el presidente Francisco I. Madero, debe ser irrestrictamente respetado por todos los agentes con poder político en México -de cualquier ideología que sea-, basado especial y particularmente en el espíritu-pilar del artículo 136 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicano, que a la letra advierte:

Título Noveno

De la Inviolabilidad de la Constitución

“Artículo 136. Esta Constitución no perderá su fuerza y vigor, aun cuando por alguna rebelión se interrumpa su observancia. En caso de que por cualquier trastorno público, se establezca un gobierno contrario a los principios que ella sanciona, tan luego como el pueblo recobre su libertad, se restablecerá su observancia, y con arreglo a ella y a las leyes que en su virtud se hubieren expedido, serán juzgados, así los que hubieren figurado en el gobierno emanado de la rebelión, como los que hubieren cooperado a ésta”.

De no respetarse esa doctrina constitucional, esa filosofía política piramidal con un gran principio de “juridicidad”, podría orillar a México al imperio de una dictadura diametral con el uso intimidatorio y antipatriótico de las fuerzas públicas y armadas que hoy conformadas la “Guardia Nacional”.

Como lo detalla un filósofo en letras: “López Obrador es un verdadero ‘encantador de serpientes’, un aprendiz de populista y un dictador en gestación. Y es aprendiz porque nunca había tenido todo el poder y todo un país a sus pies y, por tanto, prepara y se prepara para una dictadura personalísima; bananera pero eficaz”.

Reforzando la tesis: “¡Cuidado, López Obrador sí es un peligro para México!”, ha polarizado los procesos democráticos de la Nación, independientemente de anunciar en su mañanera del viernes 15 de marzo –con un dosificado exceso de saña y maña-, que firmaría un “Acuerdo de NO REELECCIÓN”, el martes 19 de marzo/2019, porque presumió autonombrarse: “Soy maderista y partidario de los principios de Sufragio Efectivo y NO reelección”.

En su retrograda numérica jocosamente también malicia: “Me inspira los ideales y las convicciones, NO la ambición al poder”.

“Creo que el poder solo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás”.

“Considero que basta con seis años para desterrar la corrupción y la impunidad y convertir a México en una república próspera, democrática, justa y fraterna. No tengo duda que nos alcanzará el tiempo para consumar, entre todos y de manera pacífica, la Cuarta Transformación de la vida pública del país”.

“En consecuencia, reafirmo que no estoy de acuerdo con la reelección y que nunca, sin ninguna circunstancia, intentaría perpetuarme en el cargo que actualmente ostento porque ello no solo significaría ir en contra de la Constitución sino también traicionar mis principios y renegar de mi honestidad, que es lo más valioso que tengo en la vida”.

“Sepan pues, señores conservadores, que abandonaré la Presidencia en el día preciso que marca la máxima ley y que en 2024 me iré allá por Palenque. Pero también les digo con sinceridad y en buena lid, que deseo de todo corazón y con toda mi alma que lo logrado para entonces sea muy difícil de revertir y que el país no retroceda a la inmundos y tristes tiempos en que dominaba la mafia del poder”, concluye la numeralia lopista sellada con su rúbrica encima de su nombre Andrés Manuel López Obrador, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Para el politólogo y candidato panista a la Presidencia de la República, Diego Fernández de Cevallos, el famoso “Jefe Diego”, en la víspera sentenció: “Indigna que México no solo tenga a un presidente provocador, sino a un rufián en el poder”.

Entre la vox populi sigue la alerta: “¡Cuidado, López Obrador sí es un peligro para México!, ha polarizado los procesos democráticos de la Nación”, pese a que en su asunción al poder, entre muchas otros enunciados, puntualizaría:  “Esta nueva etapa la vamos a iniciar sin perseguir a nadie, porque no apostamos al circo ni a la simulación”.

Lo cierto es que el presidente López, con su beligerancia cotidiana y desde muy temprano, “ha metido al país en una dinámica de fractura, conflicto y confrontación”, a pesar de sus facticos enunciados del primero de diciembre de 2018.

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