• Por erupción del volcán Hunga Tonga-Hunga Ha’apai se perturbó este lugar 

El 15 de enero, el volcán Hunga Tonga-Hunga Ha’apai surgió una de sus erupciones más intensas, al producir un choque de ondas atmosféricas y tsunamis que tuvieron gran repercusión en distintas partes del mundo, pero la Tierra no fue la única afectada.  

Científicos de la NASA descubrieron que los efectos del volcán también alcanzaron al espacio, que se vio envuelto en una serie de vertiginosos vientos huracanados y corrientes eléctricas. 

El impacto de esta erupción volcánica fue tal que, en su momento, se expresó que el fenómeno había alcanzado una magnitud mayor que la bomba atómica que Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial. En esos instantes, la NASA notificó que una de las secuelas más graves fue la desaparición de isla volcánica Nuku’alofa, ubicada al norte de Tonga. 

Técnicos de la agencia espacial estadounidense identificaron, a través de los satélites Swarm de la ESA, el modo en que la erupción de Tonga alcanzó la ionosfera, que es la parte de la la atmósfera que rebasa los límites de Tierra, es decir, la capa en el borde del espacio. 

Cuando el volcán entró en erupción, explicó la NASA, lanzó -con dirección al cielo- una columna gigante de gases, vapor de agua y polvo. La explosión también creó grandes perturbaciones de presión en la atmósfera, lo que provocó fuertes vientos.  

Cuando estos comenzaron a expandirse hacia las atmosféricas más delgadas, los vientos aumentaron su velocidad. Al llegar a la ionosfera y al borde del espacio, ICON registró velocidades de viento de hasta 450 milla por hora (mph), «lo que los convirtió en los vientos más fuertes por debajo de las 120 millas de altitud medidos por la misión desde su lanzamiento», explicó la agencia.   

Esto, además, provocó que la ionosfera desarrollará un electrochorro ecuatorial de gran potencia (aumentó cinco veces su magnitud máxima normal), que viajó por el lado oeste del espacio: «Es muy sorprendente ver que el electrochorro se revierte en gran medida por algo que sucedió en la superficie de la Tierra», dijo Joanne Wu, física de la Universidad de California, Berkeley, y coautora del nuevo estudio.