René Cervera

El admirado político sueco Olof Palme solía decir en cuanto tenía oportunidad, que nadie es libre sin un piso de salud, educación, certidumbre económica y seguridad jurídica. Esto viene al caso ahora que el mundo está preso, enfermo y con incertidumbre económica.

Los modelos de salud pública salen a relucir ahora que una pandemia nos ha puesto en tan difícil situación, ya tiene una larga discusión el papel que el Estado debe asumir para garantizar servicios de calidad médica para prevenir y sanar.

Hay quienes sistemáticamente se han opuesto a que los recursos sanitarios sean colectivos y administrados por el gobierno.

Recuerdo que en la Francia de Mitterrand se opusieron diversos sectores a la propuesta que estaba incluida en el programa de gobierno del Partido Socialista Francés. Hubo manifestaciones tumultuosas de quienes afirmaban tener derecho a escoger su médico y en consecuencia a la salud privada. Más tarde el modelo europeo hizo una mezcla de salud privada y pública, que no es tan eficiente en estos momentos.

Pero como es costumbre para bien o para mal, el mayor ejemplo lo dan los Estados Unidos, la intervención del Estado en la salud es muy cuestionada por las aseguradoras médicas, los hospitales privados, las farmacéuticas y doctores particulares.

Han sido largas campañas en los medios de comunicación para evitar la tentación, aunque sea en un mínimo de que el Estado intervenga en el sector salud.

Michael Moore con esa capacidad tan suya de analizar los problemas sociales en el documental Sicko exhibe la oposición a quienes pretenden que la salud sea un asunto de interés público, la reacción por parte de quienes tienen intereses tan fuertes en mantener algo tan importante como es nuestra salud y sujetarla a la ganancia de un sector mínimo pero poderoso.

Ahora el país que reclama ser el más poderoso del mundo se encuentra en una encrucijada, no hay suficientes hospitales, ni doctores, ni medicinas para rechazar el coronavirus. Los hay para rechazar una invasión militar pero no un virus.

Aquí es cuando entra la reflexión necesaria ¿Se es más libre cuando hay más misiles que hospitales? ¿Cuándo hay muchos soldados y pocos doctores? ¿Cuándo hay drones destructores, pero no suficientes medicinas?, parece ser que no porque hoy en Estados Unidos como en el resto del mundo estamos con arraigo domiciliario.

Junto a la crisis de salud, ahora viene la económica, aquellos que se tomaron las medidas neoliberales al pie de la letra y afirmaban la existencia de una mano invisible que cura los problemas de la oferta y la demanda, ahora solicitan que sea el Estado el brazo visible que los ayude a salir del problema que les ha causado un virus nacido en China.

El otro lado de la cara lo tienen países como la misma China, Rusia y Cuba en donde el problema por lo pronto no los desborda. Que ya no son comunistas es cierto, pero al menos los dos primeros heredaron un sistema robusto de salud y el tercero, uno de los más humildes del planeta se da el lujo de enviar doctores para apoyar a quien lo requiera, gracias a un modelo estatal de salud que les permite erradicar prácticamente el número de nacimientos, atender a la población de manera universal y contar con un número de patentes en medicina que les permite una balanza comercial favorable, en pleno bloqueo económico.

Insisto la salud es un asunto de rentabilidad social y no de rentabilidad económica y eso no lo debemos perder de vista.

Desde hace aproximadamente un siglo los problemas que deja la economía privada, los arregla el Keynesianismo, la crisis de 1929, la de la primera guerra mundial, la de la segunda guerra mundial y las que dejan los gobiernos conservadores y liberales al retirarse del gobierno.

Las medidas que se han tomado para evitar el contagio, nos deja un dilema o varios en el campo económico, los empresarios exigen ahora si un Estado que los ayude a cambio de no generar desempleo exentándolos del pago de impuestos, los trabajadores el apoyo solidario para recuperar poder adquisitivo, los adultos mayores suplican no perder las prestaciones adquiridas a través de su vida.

Es aquí en donde se tiene que entrar a una lógica humanitaria sin perder el sentido económico.

Los impuestos se dan por los ingresos obtenidos, sino hay ingresos ¿De dónde van a salir los impuestos y si no hay impuestos de donde saldrán los apoyos a los trabajadores y a los adultos mayores, o al desempleo?

En consecuencia, si se le dan apoyos a los emprendedores para que salven empleos ¿Con que garantías? O se le dan apoyos a los trabajadores y a la población en general para que con sus consumos salven a los empresarios.

En la primera opción el beneficio sería de arriba hacia abajo, en la segunda de abajo hacia arriba, pero todo esto implica tomar en serio un modelo económico distinto.

Una petición constante de los grandes empresarios es que el Estado se haga a un lado para que solo a ellos les entren los rayos del sol, pero ahora desean un Estado que les proporcione un techo en donde refugiarse, así que la experiencia que podemos tener es que necesitamos un Estado fuerte. Voy a completar la frase con la que iniciamos” Nadie es libre sin un techo de salud, educación, certidumbre económica y seguridad jurídica y la única entidad capaz de garantizarla es el Estado.

Es comprensible la desconfianza en una entidad que representa el poder, por lo que debemos modificar la vieja idea de que el Estado lo compone la burocracia y sus aliados, para construir un Estado integrado por territorio la sociedad y su gobierno, porque estamos hablando de un Estado democrático y en la democracia todos cabemos sabiéndonos acomodar.

Las empresas públicas de alta rentabilidad quitan la presión sobre los impuestos, y las prestaciones sociales disminuyen la presión sobre los salarios.

Es el momento de entender que la salud es productividad, al igual que la educación y ahora es cuando debemos exigir que más que buscar un crecimiento que hiera a nuestro planeta debemos no quitar el dedo del renglón en la distribución equitativa de nuestros recursos.