Víctor Hugo Islas Suárez

Tuve la oportunidad de platicar con una amiga que se dedica a la terapia, fue una charla de café, entre amigos que ya estamos grandes y no tenemos tiempo para andar con rodeos, porque la verdad, esa idea de que hay medicinas «buenas» y medicinas «de las que no se habla» es una de las tonterías más grandes que nos ha heredado la sociedad.

Yo le llame, “La química de bolsillo”, ella “Nuestra magia cotidiana”, piénsalo un segundo, vivimos en el futuro, es el año 2026, si te duele la cabeza, no te vas a una cueva a esperar a que los dioses se apiaden de ti, sacas un blíster de la bolsa, te pasas una pastilla con un trago de agua y a los veinte minutos ya estás como nuevo, nadie te juzga por eso, nadie dice: «Uy, qué débil, no aguantó un pinchazo en las sienes», al contrario, lo inteligente es no sufrir de a gratis, nadie, y en verdad nadie te va criticar por hacer eso.

Entonces, ¿por qué demonios cambiamos el tono de voz cuando hablamos de una pastilla para la ansiedad o de una Viagra?, nos han vendido este cuento chino de que las emociones y el desempeño sexual son temas de «fuerza de voluntad»., que si estás triste es porque «te falta echarle ganas» y que si no tienes una erección es porque «ya no eres hombre». ¡Qué ridiculez!

Tu cerebro es un órgano, así como el páncreas puede dejar de producir insulina, el cerebro puede dejar de gestionar bien la serotonina, no estás «loco» ni estás «roto»; simplemente tu química interna necesita un pequeño ajuste técnico, tu cuerpo es una red de tuberías, la erección es un tema de flujo sanguíneo, punto, si la sangre no está llegando a donde tiene que llegar, ¿por qué vas a quedarte esperando a que el tiempo lo cure? El tiempo no arregla una tubería tapada, la ciencia sí, por eso si es necesario te tomas una pastilla para la presión, o para los malestares menstruales, haces lo que tienes que hacer, y ya, simple y sencillo.

Que nos quede claro, tomar un antidepresivo o un medicamento para la disfunción eréctil no es admitir una derrota, es, de hecho, todo lo contrario, ES TOMAR EL CONTROL, es decir «yo decido cómo me quiero sentir y cómo quiero disfrutar mi vida».

Esa sensación de pena o ese miedo a que te pongan una etiqueta es un fantasma del pasado, la realidad es que la mitad de la gente que ves en la calle está lidiando con algo parecido, la diferencia es que algunos prefieren sufrir en silencio por orgullo, y otros deciden usar las herramientas que la humanidad ha tardado siglos en perfeccionar, la medicina.

Si no te aguantas un dolor de muelas, ¿por qué habrías de aguantarte la angustia de una depresión o la frustración de no poder conectar con tu pareja? La medicina está para servirnos, no para que le pidamos permiso.

Al final del día…No eres «débil» por apoyarte en la ciencia, al revés, lo más valiente que puedes hacer es reconocer que quieres estar mejor, si tienes la cura en la mano, no tomarla por el «qué dirán» es como morir de sed junto a una fuente solo porque alguien dijo que beber agua es de flojos, así que, fuera culpas, si te duele, te cuidas, si te falta ese «empujón» químico para volver a ser tú mismo, TE LO TOMAS, porque la vida es muy corta para pasarla sintiéndose a medias cuando podrías estar al cien, con unos segundos al día para tomar una pastilla, ¿acaso permitirías que un familiar no se tomara una pastilla para el corazón por qué el piensa que es débiles o que dios así lo quiso? ¡claro que no¡, tú mismo le servirías el vaso con agua para que se la tome, y entonces, ni somos malos ni buenos, ni rotos ni descocidos, somos personas en el siglo XXI que pueden curarse en segundos con un par de pastillas que llevamos en la mochila o en el bolso, dejemos de sobre pensar y sobre todo de criticar, posiblemente el que critica un día lo tomara.