Víctor Hugo Islas Suárez
Vivimos en una época donde el tiempo parece haberse encogido y, con él, nuestra paciencia, queremos abdominales de acero en siete minutos, dominar el mandarín mientras dormimos y, por supuesto, convertirnos en magos de Excel viendo un video de TikTok mientras esperamos que se caliente el café, hemos pasado de los manuales de quinientas páginas a los tutoriales de veinte minutos en YouTube, y de ahí, al abismo de los «shorts» de sesenta segundos, pero seamos sinceros: ¿realmente estamos aprendiendo o solo estamos coleccionando espejismos?
El fenómeno es seductor, estás haciendo “scroll” y aparece alguien con mucha energía explicándote cómo usar la función XLOOKUP con una música épica de fondo, lo ves, entiendes la lógica por encima y sientes ese pequeño «click» mental, guardas el video en tu colección de «cosas útiles que veré después» y sigues con tu vida sintiéndote un 5% más inteligente, el problema es que esa sensación de competencia es una trampa cognitiva, ver a un experto ejecutar una tarea sin esfuerzo no te transfiere su habilidad; solo te transfiere la imagen de su éxito.
Tomemos el ejemplo de Excel, que es el campo de batalla favorito de la productividad moderna, la gente cree que por saber que existe una «macro» o por haber visto cómo alguien limpia una base de datos en cámara rápida, ya están capacitados, sin embargo, la maestría en cualquier disciplina técnica no reside en conocer la herramienta, sino en saber qué hacer cuando la herramienta falla, el aprendizaje real es un proceso desordenado, lleno de errores, de «por qué no funciona este paréntesis» y de frustraciones que un video de un minuto omite por completo para no perder tu atención, el formato corto es, por definición, una simplificación radical, para que algo quepa en sesenta segundos, hay que quitarle el contexto, las excepciones a la regla y la teoría que sostiene la práctica, es como intentar aprender medicina viendo clips de «Dr. House», tienes la vibra, conoces el vocabulario, pero no te dejarías operar por alguien que solo ha visto los momentos más intensos de la serie, en el mundo profesional, intentar aplicar un conocimiento de «short» es como tratar de construir un rascacielos usando solo pegamento de contacto: se ve bien por fuera, pero no tiene estructura que lo sostenga.
¿Significa esto que los videos cortos son basura? no, para nada, son herramientas de descubrimiento maravillosas, son el «tráiler» de un conocimiento más profundo, te sirven para enterarte de que algo es posible, para despertar la curiosidad o para resolver una duda puntual y mecánica, pero confundir ese chispazo de información con «capacitación» es el gran error de nuestra generación, la verdadera formación requiere lo que los psicólogos llaman «práctica deliberada»: sentarte frente a la hoja en blanco, romper el sistema, buscar la solución y volverlo a intentar.
Al final del día, la información rápida es como la comida rápida: te quita el hambre momentáneamente, pero no te nutre, para ser experto en algo, hay que aceptar que el camino es largo y, a veces, un poco aburrido, no hay atajos para la experiencia, puedes ver mil videos de un minuto sobre cómo nadar, pero la primera vez que te lances al agua, te vas a hundir si no has movido los brazos tú mismo, menos «shorts» y más horas de vuelo; esa es la única fórmula que, irónicamente, no ha cambiado en estos tiempos de prisas.
El video de 60 segundos es la chispa, pero no el incendio, la información es gratis y rápida, pero el conocimiento sigue teniendo un precio que no se puede saltar, y es, el tiempo de sentarse a practicar, no confundas saber que algo existe con saber cómo hacerlo; la verdadera ventaja competitiva hoy no es consumir contenido, sino tener la paciencia para dominarlo.








