Víctor Hugo Islas Suárez 

Si echamos un vistazo a Facebook, Twitter, Instagram o cualquier otra red social encontraremos personas apoyando ciertas causas o ideologías, un ejemplo rápido, alguien apoya el aborto y miles de personas lo apoyan y otras tantas le atacan llamándole asesino, alguien apoya los derechos de la comunidad LGBTQ+ y miles le apoyan y miles le llaman antinatura, lamentablemente en la actualidad vivimos en un mundo dividido por ideologías, fanatismos y discriminación. No contamos con la capacidad de unirnos completamente, ni siquiera por problemas que nos involucran a todos, como la pandemia actual. 

Estas divisiones están más que nada manifestando la intolerancia que existe en las personas; porque una cosa es ser diferente y pensar diferente, y otra muy distinta es creer que por esto eres superior a alguien, o considerarte con el “derecho” de faltarle el respeto a quienes no tienen tu misma postura. Claros ejemplos de esto son los fanáticos (ya sea religiosos, políticos o de otra índole) que manifiestan sus posturas de forma radical y sin conciencia de sus acciones como se ve en atentados terroristas, marchas con el fin de reprimir ciertos grupos (generalmente minorías como negros, el colectivo LGBTQ+, entre otros). 

La intolerancia, la peor pesadilla de Voltaire, está presente desde hace mucho y sus consecuencias se ven en cualquier libro de historia que encuentres; la pregunta es ¿por qué sigue presente en nuestras vidas? Luego de todo lo que hemos vivido y la cantidad de conflictos por los que hemos pasado, uno creería que ya aprendimos nuestra lección, lamentablemente no es así. 

La raíz de la intolerancia se encuentra en la educación, base de cualquier ser humano para formarse como persona, educación que muchas veces incentiva este tipo de pensamientos. En la actualidad la educación sigue siendo la misma que hace años, mismo sistema, mismos resultados. Se educa con la intención de formar pensamientos e ideas en la cabeza de los niños, en vez de darles a estos niños las herramientas para que ellos formen sus propias ideas. Esto crea “robots” que repiten sin cuestionarse lo que se les enseña en el salón de clase y en la sala de estar de las familias, no les genera interés y tampoco les importa si lo que se les plantea está mal porque no sienten la necesidad de ampliar su visión; se forman personas obtusas. 

Para lograr un cambio hay que empezar por modificar la forma en la que se educa, enfocándonos en la creación de una sociedad dispuesta a mejorar y cambiar, una sociedad que se moldee a las situaciones que se les puedan plantear en el futuro y más consciente, buscando no solo el bien individual sino también el bien común, siempre desde el respeto, el amor y la empatía. 

Las nuevas generaciones tienen herramientas que las anteriores no tenían, como por ejemplo el internet. Los jóvenes somos bombardeados 24/7 con información y tenemos la posibilidad de ver y entender cosas desde tantos puntos de vista como usuarios de Twitter existan, tenemos un mundo de conocimientos en los bolsillos. Aunque esto tiene su parte mala, es lo que nos permite ver las realidades de otras personas de manera real y natural, sin censuras o manipulaciones (en algunos casos) de la información. Aunque puede parecer crudo, es lo que hace que nos demos cuenta de cómo son las cosas y lo que verdaderamente sucede. 

Sin embargo este no será un cambio a corto plazo, tener acceso a la información no genera personas inteligentes y/o racionales, mientras la gente se siga escudando en mensajes de 280 caracteres sin llegar al debate profundo tendremos que seguir lidiando con intolerantes y divisores, pero podemos hacer un leve cambio, agitar las alas de la mariposa nosotros mismo, no les llame “chairos” o “fifís” no les llame asesinos ni les diga amen en los mensajes, haga una reflexión y debátala, no tenga miedo al debate de intercambio de ideas con algún interlocutor conocido o no. 

Tiene algo que decir, no sea conformista compartiendo el “post” de alguien más, escriba su opinión, si en verdad tiene algo que decir, dígalo, no sea miope y exponga su postura, o por lo menos no genere más odio, de eso tenemos suficiente.