·         Ley Censura: Entre la regulación y el control

Gabriela Lazcano

El término Ley Censura se ha popularizado para referirse a diversas iniciativas legales en México y Argentina que, aunque presentadas como medidas de seguridad o protección, han generado preocupación por sus posibles efectos sobre la libertad de expresión. No se trata de una ley específica, sino de un concepto que resume el temor a que estas normativas puedan utilizarse para silenciar voces críticas.  

Puebla: Cuando un insulto puede llevarte a la cárcel**  

La Ley de Ciberseguridad aprobada en 2024 en Puebla establece:  

– Hasta 3 años de prisión por «ciberacoso», definido como insultos en redes sociales que dañen la integridad emocional.  

– Multas de 40,000 pesos, que se duplican si la víctima es menor de edad.  

El problema, según expertos, radica en que conceptos como «insulto» o «daño emocional» son subjetivos y podrían aplicarse de manera discrecional.  

Cuando analizamos estas medidas, resurgen fantasmas del pasado:  

– En la España franquista, leyes aparentemente técnicas servían para controlar los medios.  

– Perú aprobó recientemente normas que obligan a medios a pedir permiso estatal para publicar ciertos contenidos.  

Como señaló un experto en derechos digitales: El patrón se repite: primero se habla de proteger, luego de regular, y finalmente de silenciar».

La comunidad internacional reacciona

No son solo voces locales las que expresan preocupación:  

– La O NU ha pedido moderación en la aplicación de estas leyes.  

– La OEA advierte que podrían violar principios democráticos fundamentales.

¿Por qué esto es alarmante?

La ambigüedad como herramienta de control**  

1- Leyes como las de Puebla o la reforma mexicana de telecomunicaciones usan términos vagos («insulto», «daño emocional», «seguridad pública») que permiten interpretaciones arbitrarias. ¿Dónde queda el límite entre una crítica legítima y un «delito»?  

2. El precedente histórico

 – Gobiernos autoritarios siempre han usado excusas similares para silenciar opositores. Lo vimos con las **leyes de prensa** en dictaduras latinoamericanas, y ahora se repite bajo nuevos formatos legales.  

3. La autocensura ya está aquí

   – Muchos periodistas y ciudadanos están pensando dos veces antes de publicar opiniones críticas. Cuando el Estado puede multarte o incluso encarcelarte por un tuit, la democracia se debilita.  

¿Qué podemos hacer?

– Exigir claridad en las leyes: Que ninguna normativa penalice la crítica política legítima. 

Tu preocupación es válida. Esto no es solo sobre «lo que se puede escribir hoy», sino sobre qué sociedad queremos dejar a las próximas generaciones: ¿una donde el disenso sea tratado como delito o una donde el debate público siga siendo el corazón de la democracia?  

Conclusión: La batalla por el relato**  

Esto no es solo sobre leyes, sino sobre quién controla el discurso público. Como dices, cuando el «atacado» es un poderoso que no tolera críticas, cualquier verdad se vuelve «delito».  

**La pregunta clave: Vamos a permitir que el Estado decida qué podemos decir o vamos a defender que la libertad de expresión solo tiene un límite real: ¿no incitar a la violencia?

La censura significa siempre y en todas las veces, coartar una de los principales valores del ser humano. Expresarse y pensar lo que le parezca correcto, sin esto, la sociedad está condenada al fracaso. Sin libertad de expresión nos volvemos, tiranos de la lengua, verdugos de la libertad, asesinos del pensamiento crítico, En una palabra: Estúpidos.

Y si ya no podremos decir lo que pensamos pues habrá que aprovechar, yo empiezo: Morena, López, Sheinbaum, Noroña, Sansores, Delgado, Andy y Cita, los reporteros a modo, los gobernadores narcos y violadores, las ministras con diminutivo, los Yunes, los sátrapas de Gatell y Zaldívar y muchos, muchos más, son la peor generación de políticos, que ha visto este país. Son escoria y cómo tal deberán en su momento de ser tratados.