Gabriela Lazcano

Prometo en este escrito no caer en bravuconadas editorialistas que lo único que hacen es polarizar más al país. Esta para mí, es la verdad:

Mucho se ha dicho del FOBAPROA como el símbolo de los excesos neoliberales: un rescate bancario que convirtió deudas privadas en deuda pública. 

Fue un movimiento impresentable, que socializó las pérdidas de unos cuantos empresarios a costa de generaciones enteras. Así fue.

Y, sin embargo, en el sexenio de López Obrador,” el que no miente no roba y no traiciona “ aunque disfrazado de justicia social, ha dejado una deuda aún mayor y obras de infraestructura que, en muchos casos, no funcionan o no están terminadas.

López Obrador prometió acabar con la corrupción, la pobreza y la desigualdad. Pero a punto de cerrar su sexenio, la deuda pública supera los 15 billones de pesos y las grandes obras de su administración están lejos de cumplir sus promesas. Un cochinero pues.

El Tren Maya, con un costo estimado superior a los 500 mil millones de pesos, sigue incompleto, opera por tramos y ha generado más dudas que certezas.
La refinería Dos Bocas, inaugurada desde 2022, aún no produce gasolina comercial de forma regular y ha costado más del doble de lo proyectado.

El AIFA funciona, pero con una operación limitada y muy por debajo de su capacidad, sin detonar el desarrollo esperado en la zona.

El Corredor Interoceánico aún no da resultados concretos, y el nuevo sistema de salud, IMSS-Bienestar, tiene carencias graves en personal, medicinas e infraestructura.

Todas estas obras, aunque visibles, no han generado aún beneficios proporcionales al gasto. Muchas de ellas se financiaron sin transparencia suficiente y se inauguraron antes de estar listas, con fines más políticos que técnicos.

A esto se suma el gasto social más alto en la historia del país. Pensiones, becas y apoyos directos han llegado a millones, sí, pero no han transformado la pobreza estructural. En muchos casos, han creado una dependencia peligrosa: el Estado da dinero sin generar herramientas reales para que la gente mejore su vida.

Ayudar no es solo dar. Es también formar, liberar, empoderar. Pero el enfoque de este gobierno ha sido otro: mantener la pobreza administrada, dar lo justo para que el votante sobreviva, pero no para que se emancipe. Es difícil no ver en ello una estrategia clientelar.

La salud en México: un problema de nunca acabar

Uno de los sectores más críticos y evidentes de la mala gestión en el gobierno de López Obrador y ahora de la Scheinbaum es la salud pública. A pesar de los anuncios optimistas y las promesas de transformar el sistema de salud, la realidad ha sido desastrosa. El IMSS-Bienestar, que fue presentado como la panacea para los problemas de atención médica, sufre de enormes carencias en infraestructura, personal y medicinas.

El sistema de salud pública en México, incluso antes de la pandemia, estaba al borde del colapso. Hoy, el sector está en una crisis total, con hospitales públicos sin recursos, largos tiempos de espera, falta de medicamentos y un sistema que sigue sin alcanzar a toda la población. La inseguridad alimentaria, el desabasto de medicinas y la infraestructura deteriorada siguen siendo problemas recurrentes que no han sido resueltos de manera efectiva. Además de la carga que representan más de 800 mil muertes por la pandemia . México fue ejemplo de ineficacia y estupidez .

El esfuerzo por unificar el sistema de salud bajo un solo ente (IMSS-Bienestar) parece haber empeorado la situación al hacer más centralizado un sistema que ya era ineficiente. Y mientras todo esto ocurre, el gasto sigue incrementándose sin resultados que justifiquen el sacrificio. El país sigue enfrentando niveles altísimos de mortalidad y una atención médica deficiente que, en última instancia, afecta a los más pobres.

¿Qué nos queda?

En este país no aprendemos. 

No sabemos votar y somos tan mezquinos e ignorantes que unos por necios y otros por 200 pesos votarían a un chimpancé 

Nos queda una deuda enorme, infraestructura subutilizada, una sociedad más dependiente del Estado y un país polarizado.
Sí, el Fobaproa fue un crimen económico. Pero el legado económico de la 4T no es tan diferente en efecto: se endeudó al país en nombre del pueblo, pero sin transformar las bases que sostienen la pobreza.

Porque ayudar no es solo dar, es enseñar, construir, liberar. Y eso no ocurrió ni ocurrirá.

Pero no se preocupe usted, ya podremos hablar de la reforma judicial, ¡seguro eso si lo harán bien! 

Ay mi México.

¡Tantas jacarandas y tantos pendejos alrededor!