Gabriela Lazcano
Según el diccionario, un estribo es la parte del puente que se apoya en tierra firme desde el inicio hasta el final del mismo. Hoy, y toda la semana, he estado recordando la poesía de Efraín Huerta “El poema de los puentes”.
Cuando murió Juan Pablo II, siempre comentaba que era un puesto que nadie quería, porque inevitablemente pensarían en el antecesor. Llegó Ratzinger y no pasó nada. Era un hombre de estudio, pero después llegó la cordura, la coherencia, la inclusión; llegó el amor en sus variadas caras.
Siempre he pensado que el amor resuelve todo. Y no, no nos libra del sufrimiento. Ese es inherente a nuestra condición humana. Pero, ¿cómo nos ayuda cuando sufrimos? Francisco enseñó al mundo lo que el mundo en ese momento ya estaba dispuesto a oír y necesitaba oír. No fue un Papa político, no le dio mucho tiempo.
Pero sí fue un hombre de avanzada, desde joven.
La intención de este escrito no es exponer lo que seguramente ya han leído en todos lados. No hay, creo yo, necesidad.
Pero sí hay menester de recordar.
Cuando alguien se va, y alguien como él, pues necesariamente surgen sus frases y sus mejores momentos. Pero, igual que surgen, se olvidan.
Y aquí es donde es necesario hacer un alto y reflexionar:
No vamos a exaltar al hombre, vamos a reconocer lo que pretendía enseñar, y creo que en muchos casos lo logró.
Si mirar por los pobres es una acción humanista, hay que ser más humanos. Esto necesariamente nos lleva a un tinte político que no quisiera que manchara este escrito, pero hay que aclararlo. Los países que dicen que ayudan a los pobres con dádivas son, curiosamente, países donde la libertad de culto ha sido sesgada o definitivamente no existe. No nos equivoquemos, el populismo no ve por los pobres, los multiplica.
Nunca en la historia de la humanidad la sociedad ha estado tan polarizada, y me refiero al mundo en general, no a una o varias regiones. Por uno u otros motivos, ya sean de índole económico, cultural, social, sexual, de culto, hay polarización en todos lados. Una palabra acabaría con esto: Inclusión.
Pero no me refiero a la inclusión de servidumbre mental, esa en la que la gente acepta lo que venga porque está de moda. Me refiero a la inclusión argumentada, a la inclusión pensante. No tenemos por qué aceptar todo, pero sí debemos argumentar en una libertad dialéctica. Eso hará que las posturas contrarias encuentren un punto de equilibrio. Él lo hizo así.
En estos tiempos, todo el mundo sabe el precio de las cosas y el valor de casi nada. Es preciso entender que lo que tiene valor no tiene precio y que lo que tiene precio es algo que eventualmente cualquiera puede tener. Basar nuestra vida en el precio de las cosas o enaltecerlas es arrinconar el valor al olvido.
Y si el amor es la fuerza más poderosa, yo los invito a que toquemos en nuestra mente la melodía del pensamiento, de la reflexión, y que con amor incluyamos en nuestra vida lo que alguien nos quiso enseñar.
El poema de los puentes
Efraín Huerta
Es un puente el que se extiende
y el que se extiende es la luz
es la luz que se quiebra
es la luz que se quiebra
y es el agua que llega al agua.
El puente se llama
silencio, y se llama
camino, y se llama
y se llama luz,
y se llama agua,
y se llama huella,
y se llama memoria.
El puente se llama
caminante,
y el puente se llama
silencio.















