Gabriela Lazcano
Mire usted, mi querido chato, que en este México de nunca acabar, donde la realidad se confunde con el chiste y el chiste con la tragedia, ya no sabe uno si llorar, reírse o pedir otra ronda de tequila. Porque aquí las cosas suceden tan raras que parecen inventadas, pero son más verdaderas que los frijoles con epazote .
Ahora resulta que los narcos son los políticos , que los carteles también están en Gobernación, que si Trump respeta a Claudita pero la tiene agarrada con “ sus datos protegidos”
Sí, allá también hay datos protegidos pero de a deveras. O sea están informados , usted entiende verdad ?
Que si la cosa va bien, que si vamos requetebién, que si los pobres ya no son tan pobres, que si los narcos ya no son tan narcos… y mientras ella sonríe y da datos con voz de mujer abnegada como si fuera la protagónica de “Un rincón cerca del cielo “ afuera la vida sigue igualita: balaceras, muertos, medicinas que no llegan y narcopolítica en cada esquina.
Porque, mire usted, la doña dice estar feliz, pero muy feliz, porque trece millones de mexicanos salieron de la pobreza. ¡Qué bonito! Nomás que nadie sabe pa’ dónde salieron, si a la clase media o a la miseria, o si salieron porque ya no los contaron. Y lo demás, dice la señora, “se investigará”. Pues sí, aquí todo se investiga, pero nada se resuelve: se mete a la carpeta, se archiva, se da carpetazo y ahí queda, como calcetín olvidado en el ropero.
Mientras tanto, allá arriba en la Suprema Corte, el presidente se rodeó de 102 asesores. ¡Ciento dos, chato! Ni en la primaria había tantos maestros pa’ tantos chamacos. Y todo para que al final, en vez de justicia, nos regale un “dices” donde iba un “dice”. Porque pa’ eso sí hay presupuesto, pa’ las muletillas, pa’ la nómina gorda y pa’ quedar en ridículo.
Y no me diga que la Marina se salva, porque la Marina Armada de México, esa que se vendía como incorruptible, terminó decepcionando como novio infiel: que uno juraba que era de fiar, que daba confianza, que siempre al pie del cañón, y de pronto zas, la mentira, el engaño, la traición. Y ahí se queda uno viendo al uniforme con desconfianza, porque cuando el guardián engaña, ya no hay cerradura que alcance.
Y luego tenemos el episodio del Congreso, donde Alito Moreno, con ese genio que le carga, estuvo a un manazo de soltarle un llegue al gato de Noroña. Y mire, chato, yo no sé usted, pero ese manazo lo traemos muchos atorado en el puño. ¡Qué ganas de soltarlo! Porque a veces la política mexicana no se discute, se cachetea. Y ahí nomás quedó la escena, como símbolo de toda esta tragicomedia nacional.
Mientras tanto, Morena, ese partido que se nos vendió como la esperanza, cada día demuestra con dichos y con hechos que más bien es un narco partido. Porque ahí están las ligas, las fotos, los pactos, los silencios, los abrazos que son peores que los balazos. Y uno acá, viendo cómo el poder se disfraza de legalidad, cuando en realidad ya huele más a pólvora y a dinero sucio que a democracia.
Y ya si le sumamos el chistecito de Veracruz, con su cohete pa’ mandar café al espacio, pues dígame usted, ¿qué necesidad? Aquí sin medicinas, con hospitales vacíos, con gente muriendo por lo que sí tiene cura, y allá, muy orgullosos, mandando cafecito a las estrellas. Café veracruzano, muy sabroso, mandarán también chocolate del bienestar ?
Así que, mi querido chato, entre los millones que se evaporan, los huachicoles que se vuelven chiquitos pa’ que no cuenten, los narcos que gobiernan, los muertos que se apilan, la Corte que se llena de asesores, la Marina que traiciona, los manazos que se quedan en el aire, Morena convertido en narco partido, y la presidenta feliz porque trece millones salieron de la pobreza, pues nomás queda la reflexión final, sincera y cantinflesca, como debe ser:
¿Entendiste, chato?
Hay perdidos 550 mil millones de dólares .











