Con frecuencia las fechas importantes constituyen un recordatorio de lo hecho y de lo que falta por hacer; de alguna manera es la función del calendario. En nuestro caso, estamos en la víspera de un nuevo 8 de marzo (ahora también denominado 8M), una fecha que abre las puertas a numerosas reflexiones y llama a la acción continua, cotidiana, y no únicamente la de un día particular.
Lo ideal sería decir que, entre todos, vamos consiguiendo la igualdad entre mujeres y hombres. Lo correcto, y lo cierto, es indicar que de a poco nos hemos quitado una serie de ideas con las que el machismo nos ha educado a todos por igual. En esta ocasión, empero, pretendo hablar de una escritora. Y no de Virginia Woolf o Simone de Beauvoir, muy reconocidas, cuyos trabajos ayudan a comprender literaria y filosóficamente la lucha por los derechos de la mujer, sino de una escritora nuestra, mexicana, aunque poco difundida. Se trata de la guanajuatense Margarita Camacho Baquedano (1922 – 1980), quien firmaba sus escritos poéticos como Margarita Paz Paredes. Primero, porque el 30 de marzo de este año se conmemora el centenario de su natalicio, y segundo porque considero que su obra ayuda a entender la manera en que la mujer mexicana ha ido fortaleciendo su participación en la sociedad.
En sus textos, enmarcados por el humanismo, encontramos desde poemas dedicados a México (“esta tierra mía, negra y atormentada”), hasta versos escritos a personajes de la izquierda como Vicente Lombardo Toledano (“ilustre maestro de las juventudes revolucionarios de América”) y al profesor rural y luchador social Genaro Vázquez Rojas (“tus pasos incansables, conductores / de una lucha sin tregua / por conquistar la libertad del hombre / que vive amordazado, perseguido / por la jauría maldita, / por los hipócritas / proclamadores de ‘justicia’…”).
Su muerte, acaecida en 1980, se vio precedida por una serie de poemas en que relataba su enfermedad (Memorias de hospital) y en que asumía su próximo paso (Presagio). Esos textos fueron la antesala de esa posteridad en que anhelaba la conjunción de vida y poesía. Margarita Paz Paredes, desde sus libros, nos hace un llamado: “Vosotros, los que portáis antorchas iluminando bosques, / y mares y desiertos, / no abandonéis mi paso / que enigmas y tinieblas asaltan” y, a la vez, se ofrece como una estrella que puede ayudar a orientarnos en la búsqueda de una mejor comprensión de aquello que nos hace humanos: nuestras diferencias.














