Enrique Escobedo 

La frase que intitula este ensayo se le atribuye a Napoleón Bonaparte y dicen quienes saben de geopolítica y geoeconomía que en muchos sentidos es cierta. Es más, se me ocurre pensar en tres países que saben acerca del sentido de esa sentencia. Me refiero a México, Ucrania y Polonia. Tres pueblos diferentes en cultura, idioma e historia a la de sus respectivos poderosos vecinos. Nuestro país con los Estados Unidos y a esas dos naciones que tienen a Rusia de vecina. 

La relación entre México y Estados Unidos está plagada de intervenciones de ese país en contra nuestra. Además de inventar una guerra a fin de quitarnos más de la mitad del territorio en 1847, apoyaron el golpe de Estado en contra del presidente Francisco I. Madero en 1913, invadieron el puerto de Veracruz en 1914 e incentivaron su tristemente Expedición Punitiva 1916; por citar unos ejemplos. Es más, durante la administración Carter supimos que su asesor estrella en seguridad nacional Zbigniew Brzezinski dijo “no queremos un Japón al sur de nuestra frontera”. Con dichos ejemplos queda claro y demostrado que nuestro destino está sujeto en gran medida a los caprichos y designios de los gringos y que ellos, en calidad de super potencia acotan nuestro progreso y desarrollo. De ahí que nosotros debemos ser lo suficientemente inteligentes a fin de evitar ser sojuzgados.  

Por lo que respecta a Polonia es sabido que históricamente ese bravo pueblo ha sido objeto de incursiones y asesinatos del ejército ruso a fin de expandir el imperialismo zarista, estalinista y ahora putinesco.  Tristemente, lo mismo ocurre en la valiente Ucrania que se niega a tener un gobierno títere al servicio de Rusia. Son dos naciones europeas que duermen junto al oso.  

Queda claro, por lo tanto, que Rusia y Estados Unidos, recurren a estrategias semejantes, a fin de obtener recursos de manera inescrupulosa de sus vecinos. La historia lo confirma. Recordemos al bandolero John Houston quien hipócritamente fue poblando el territorio de Texas y cuando vio el momento oportuno, con el apoyo de armas de los norteamericanos, proclamaron su independencia en 1838. Esa misma estrategia la repitió Stalin al obligar a comunidades enteras de rusos a poblar las repúblicas soviéticas socialistas. Él sabía que si alguna república, con el tiempo reclamaba su independencia, utilizaría a los asentamientos de rusos a fin de crear guerras civiles, conflictos y solicitar la ayuda de Moscú. En otras palabras, Putin continúa con la misma estrategia de Stalin y del presidente americano James Monroe de 1823, “América para los americanos”. En otras palabras, se sienten amos de sus vecinos en nombre de su seguridad nacional y de los recursos que necesitan. 

Tal vez cuando se publique este articulo el triunfo ruso sobre Ucrania ya sea un hecho. No hay manera de que triunfe la independencia y la soberanía ucranianas en estos momentos. Moscú impondrá un títere de gobierno, como lo hicieron los norteamericanos en América Latina gran parte del siglo pasado y se chuparán los recursos naturales de las naciones “colonizadas”. 

He leído con asombro articulistas que justifican la invasión rusa, como también lo hicieron otros articulistas que desde el 2001 justificaron las invasiones gringas a nueve países islámicos y mataron a once millones de musulmanes. He dicho que con asombro pues hacen sombra pesada y nebulosa respecto al futuro de la humanidad y del planeta. Estamos ante dos naciones, sin importar quien sea su presidente, que sólo piensan en el bienestar de sus gobernados, lo cual parecería una idea plausible, pero olvidan que sus doctrinas de expansión y dominio terminarán por asesinar a sus propios pueblos, pues el mundo es sólo uno y no tenemos otro. De ahí que México, Polonia y Ucrania aún tenemos mucho por hacer, pues la geografía marca parte de nuestro destino, pero no fatalmente, ya que es una dualidad de ida y de vuelta.