A un mes de su inauguración, uno de los elementos del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles que más se ha presumido (además de los baños) es la torre de control: causa de orgullo para los desarrolladores de la obra y para el gobierno, al grado de convertirse en el logotipo del nuevo aeropuerto. 

Diseñada a partir de dos instrumentos bélicos utilizados por los mexicas, el chimalli (escudo) y el macuahuitl (la famosa “macana” hecha de madera incrustada con filos de obsidiana), esta estructura se erige como un doble símbolo. Pretende representar la gloria de nuestro pasado prehispánico, pero, al mismo tiempo, es también un signo de dominación militar. Una auténtica torre de control. 

Con la misma sensibilidad de un mamut, y con una limitada visión de Mesoamérica, los artífices de este proyecto vieron en un arma de guerra la mejor manera de representar una época tan compleja como majestuosa. ¿No podían elegir algo relacionado con la ciencia y el conocimiento, como un observatorio astronómico? ¿Por qué levantar un emblema (de 88 metros de altura y 1,700 toneladas de acero) al sometimiento violento de cientos de pueblos como los otomíes, matlazincas, los tlahuicas, entre muchos otros? 

El macuahuitl, fue la herramienta que permitió al imperio mexica llegar a controlar más de 400 pueblos y altépetl (señoríos y ciudades-Estado), los cuales debían rendir tributo a sus dominadores: tenían que entregarles alimentos, animales, pero además mujeres y niños para convertirlos en esclavos y víctimas de sus ritos sacrificiales. Es un error común reducir el México previo a la Conquista a un puñado de culturas: la maya, la mexica, la mixteca, la olmeca, la teotihuacana. Sin embargo, ver este descuido cometido en una obra pública, que supuestamente debe proyectar una imagen de nuestro país hacia el resto del mundo, más bien reafirma la idea de que nuestras autoridades no saben dónde están paradas y desconocen aspectos importantes de nuestra historia. 

Quizá todo tenga más sentido si se considera como un curioso eco de una actualidad nacional donde, algo que iba a ser plenamente civil, termina siendo castrense: un elemento bélico en un aeropuerto que tiene el nombre de un militar, construido por militares, en una base militar y que será operado por el ejército. La visión de los vencedores reflejada en una torre de control: ya llegué, ya estoy aquí y ahora hacemos lo que yo diga.