Ya no se puede seguir perdiendo el tiempo en disputas entre los sindicatos magisteriales, el Ejecutivo y el Legislativo, no se trata de dar gusto a todos los grupos que han sido usados para inclinar la balanza en procesos electorales, ni mucho menos cumplir acuerdos realizados por debajo del agua con personajes sombríos.

Desde que se aprobó la Reforma Educativa el sexenio pasado, ha sido tiempo perdido para lo más importante que son los estudiantes de los niveles básicos. La deuda con la educación es muy grande desde hace décadas, por lo menos desde el periodo posrevolucionario se viene prometiendo que las cosas cambiarían y nada.

Cada alternancia en el poder se aplican políticas nuevas en educación, así ocurrió con los panistas y luego con los priistas que por fin lograron una reforma, pero no era la que el gremio magisterial esperaba, no era una reforma en educación sino una laboral y el disgusto fue usado como moneda de cambio electoral.

La promesa de campaña del presidente Andrés Manuel López Obrador de tirar la Reforma Educativa de Peña Nieto, se ha empantanado. Al presidente y los legisladores no les debe temblar la mano para aprobar una nueva política que ponga en el centro a los estudiantes y profesores, así nada más. Y los líderes del magisterio deben privilegiar el diálogo y no la brutalidad.

Solamente con una buena inversión en educación pública y sin improvisaciones, la cosa cambiará.

Nosotros…

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