El libro —como dijo Jorge Luis Borges— a diferencia de otros objetos “es una extensión de la memoria y de la imaginación.” Se encuentra entre el mundo terrenal y lo divino; quien lee vive muchas vidas y alcanza la plenitud, por ello es importante que más personas adquieran el gusto por leer y lo hagan con la misma necesidad que respirar. Los libros tienen mucho que decir e incluso cambian con el paso del tiempo igual que los lectores. De nada sirve que estén disponibles en las bibliotecas, en las librerías y hasta en versiones digitales, si no hay un lector que los abra, los lea y dialogue con ellos. Cerrados son mudos, pero abiertos son la voz que cuenta nuestra historia al igual que los lectores.  

Ante los tiempos tan convulsos que vivimos los libros pueden ser refugios y también agoreros del porvenir. En sus páginas hay algo más que palabras escritas de acuerdo a los significados convencionales y las definiciones de las academias de la lengua. Los libros, y en especial las obras literarias, crean sus propios idiomas.  

Estimados lectores, emprendamos un recorrido por tres obras que inventaron su propio lenguaje haciéndolo de Occidente a Oriente, de modernidad ha pasado, para llegar al origen.  

Rulfo es un escritor único por qué en «Pedro Páramo» inventa su lenguaje al llevar al lector a un estado de eternidad por medio de la fragmentación del tiempo y de la trama. 

El viaje de Dante en la «Comedia» podría entenderse de manera literal como un recorrido por un mundo exterior, pero la singularidad de la obra es que se trata de una travesía interior: Dante va al infierno, al purgatorio y al paraíso para librarse de su ego por medio de la compasión que le permite restaurar su condición primigenia de ser el puente que une el cielo y el mar. Lo finito y lo infinito se encuentran en la palabra humanidad.   

«Las mil y una noches» recrea la única constante en el universo y el infinito: el cambio. Todas las historias se encuentran ligadas unas con otras e inclusive hay otras historias dentro de las historias. Las narraciones proceden de la tradición oral, de los hombres que contaban cuentos en la noche. Se escribió de manera colectiva (antes del Renacimiento donde surge el concepto de autor) y ha tenido siglos para autocorregirse. El resultado es un libro que forma parte de nosotros sin haberlo leído. 

Los libros que inventan su propio idioma nunca terminan de decir lo que tienen que decir. Algunos están en la Feria Internacional del Libro del Zócalo (FIL Zócalo), espero que los encuentren y acudan a ellos.