Pedro Flores  

México está viviendo una tragicomedia, el actor principal tiene un país en donde con una inflación galopante, una inseguridad manifiesta que se refleja en asaltos carreteros para 40 vehículos en una vía veracruzana, balaceras y muertos en todo el país hasta en centros comerciales y escuelas, con un Ejército que espía a todo mundo y con un presidente que ha tenido 15 renuncias en su gabinete y reconoce que está enfermo y “chocheando”.  

Ahora no fue una chachalaca a quien callar, sino que fue una Guacamaya la que habló y rompió el tabú que había sido en México la información real de lo que hace el Ejército y sus implicaciones sobre Seguridad Nacional, sino también sobre la salud de los presidentes y lo relacionado en el ejercicio del gobierno.  

Hasta antes de “Guacamayazo” sólo se conocía “oficialmente” que AMLO tenía una a afección en la columna vertebral consecuencia de mal pichar y cuyos dolores que origina son intensos, este mal lo está tratando el neurocirujano, Félix Dolorit, cubano especializado en el tratamiento de enfermedades de la columna, quien viaja cada 15 días a México y obviamente cobra en dólares.  

Ahora se habla   de que los microinfartos son múltiples, aunque los factores de riesgo más habituales suelen ser: hipertensión, diabetes, estrés emocional, colesterol, ácido úrico elevado, esto último se confirma con la detección de gota, que es el exceso de ácido úrico en la sangre. Los riñones, encargados de expulsar esta sustancia rápidamente, dejan de hacerlo y forma piedras. 

A estos males se le agregan lo confirmado por el hackeo a la SEDENA, en donde se informa la   existencia de una angina de pecho inestable de alto riesgo, mal cardiaco que puede causar infartos, debido a que el corazón no recibe suficiente sangre y oxígeno.  

En otras palabras, hay grasa en las paredes de las arterias, las cuales se tornan menos flexibles y se estrechan, lo que puede reducir el flujo sanguíneo al corazón, provocando dolor toráxico; a lo anterior se le agrega el hipertiroidismo, afección en la que la glándula tiroides, que origina la insuficiente hormona tiroidea y que por lo regular afecta la frecuencia cardíaca, ante esto el presidente sólo aceptó recibir terapia física y algunos medicamentos.  

En información publicada en la revista “The Economist” de Inglaterra, lo señalan como que AMLO padece el síndrome de hubris, basado en un estudio hecho por David Owen quien fue el ministro de Asuntos Exteriores más joven del Reino Unido, nombrado Lord por la reina Isabel II, denominado “Perfiles sicológicos de los 100 primeros ministros ingleses y presidentes de Estados Unidos. 

El síndrome de ‘hubris’ es un trastorno psiquiátrico negado por el propio paciente el cual se caracteriza porque nunca se reconocerá enfermo, ni pedirá perdón por su conducta porque no ve motivo para hacerlo. No es mentira aquella frase de que el poder enferma. Owen identificó un conjunto de características que definen el síndrome, entre ellas destaca la forma mesiánica de hablar acerca de cómo se están haciendo las cosas, y una tendencia a exaltarlas en el discurso, identificándose a sí mismos con la nación, al grado de considerar su perspectiva y los intereses de los dos, idénticos, perdiendo su entorno y la realidad social. 

Vivimos una política, que, según Voltaire, es el arte de servirse de los hombres, haciéndolos creer que se les sirve a ellos y en nuestra tragicomedia mejor recordaremos a un especialista, Mario Moreno “Cantinflas” quien señalaba: “Estamos peor, pero estamos mejor. Porque antes estábamos bien, pero, era mentira. No como ahora que estamos mal, pero es verdad».