Hace no mucho tiempo, habían anunciado que pondrían fin a la corrupción y que también acabarían con todos sus vestigios, por lo cual se decidió rifar aquel que alguna vez fue el avión presidencial. Con cachitos de lotería de por medio, la gente se animó (o mejor dicho: fue animada) a participar de este espectáculo pocas veces visto. 

La cuestión se tornó simbólica: el premio terminó siendo el valor de la aeronave dividido en 100 boletos ganadores que serían recompensados con 20 millones de pesos cada uno… La rifa fue un fracaso, el avión sigue sin venderse y, según se ha denunciado, hay premios que siguen sin entregarse. 

El asunto ahora es que, en este País de Nunca Acabar, volverá a llevarse a cabo una rifa suntuosa. El atractivo mayor es que esta vez se trata de propiedades de ultra lujo que han sido confiscadas por el gobierno mexicano: mansiones, casas, departamentos, ranchos y un palco en el Estadio Azteca con vigencia ¡hasta el 2065!  

De ellos, destacan una casa en el Pedregal de San Ángel, en la CDMX, y un rancho en Atlacholoaya, en Morelos. La primera perteneció, nada más ni nada menos, que a Amado Carrillo Fuentes, “El señor de los cielos”, y después de más de 20 años decomisada y abandonada posiblemente tenga un nuevo dueño; el segundo, le perteneció a Édgar Valdez, también conocido como “La Barbie”, y pudo haber sido una escuela. 

Los habitantes de Xochitepec, Morelos, aprovecharon que el presidente de la República estuvo de gira en su entidad a finales de 2019 para pedirle que el rancho fuera adjudicado al municipio. El objetivo de la petición consistía en que el Bachillerato Agropecuario 194 (que actualmente paga renta en Miacatlán) pasara a ser un terreno con los requerimientos de infraestructura necesarios para el óptimo funcionamiento de la escuela. Como era de esperarse, en Presidencia hicieron oídos sordos y “decidieron” sumarlo a la lista de propiedades en rifa.  

Cuando los pobladores de esta comunidad vieron que el lugar donde podrían tener su escuela sería rifado, volvieron a pedirle al presidente que les ayudara para retirarlo. Él contestó que ya no era posible porque el tema del sorteo “ya está muy avanzado”. 

Se dice que jurar y jugar son cosas difíciles de dejar. Con estos premios que buscan estimular el oscuro deseo “aspiracionista” (tan temido y atacado por este régimen), el azar de la lotería se torna irresistible y las personas comprarán sus cachitos. Mientras tanto, el presidente, en vez de actuar, sigue viviendo en su imaginación y seguirá jurando que esta transformación es la buena. Ojalá despierte porque, como dice la canción: “Con sueños de opio sólo pierdes el camión”.