Perdón, pero no es lo que usted diga señor presidente, es lo que la realidad económica y social de México nos dice todos los días y que usted insiste en desmentir apoyado únicamente en su presunta honorabilidad, la cual no pondremos en duda, simplemente le decimos que los datos estadísticos, que hasta el más ignorante ve, afirman que nuestro país va mal.

Pero más allá de su auto homenaje, que nos muestra lo urgido que está de justificación aunque se trate de un puñado de mexicanos acarreados  para que le aclamen “sus datos”, la realidad estalla en la frente de la mayoría que piensa y teme lo peor del mesías que endiosado, no escucha ni reflexiona.

Simplemente su voz es ley, así lo ha demostrado al tirar a la basura instituciones, proyectos y programas, constructivos y sociales para bien de millones de la mexicanos.

Bajo el pretexto de una falsa lucha contra la corrupción o la mafia en el poder que dejó de serlo hace un año, el mesías tropical se alza como un dios vengativo, dispuesto a cobrar afrentas de todos quienes supuestamente lo ofendieron y le impidieron según sus laberínticos razonamientos alcanzar el poder hace años.

Si eso fuera, le hubiera dado tiempo de destruir lo hecho por los gobiernos corruptos y rehacer el país de sus sueños, que no van más allá de lo aldeano. Sus capacidades no le dan para más.

En el Zócalo se juntaron los pares, quienes creen en una realidad fincada en dádivas de tres mil 600 pesos que no generan economía positiva, sino presiones inflacionarias que habremos de pagar todos, hasta quienes se dicen chairos. Porque como vamos, no se va a socializar el bienestar sino la pobreza. Al tiempo.

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