Desde la Época Arcaica (VIII a. C.) existía en Grecia una institución jurídica denominada Xenia que protegía a extranjeros y viajeros. Los anfitriones ofrecían hospitalidad y resguardo a los extranjeros que llegaban. A su vez, los huéspedes estaban obligados a respetar las costumbres y reglas del lugar que los acogía. Este tipo de acuerdo desapareció de las naciones occidentales con el pasar de los años y creció la repulsión hacia los foráneos, a tal grado que en pocos días empezarán a llegar los primeros migrantes detenidos al “Bibby Stockholm”, que es una embarcación gigante para albergar a hombres indocumentados (solamente varones) durante el tiempo que tarde en ser definida su situación legal. Esta es una de las medidas, de la nueva Ley de Inmigración Ilegal, promovida por el Primer ministro del Reino Unido (R. U.), Rishi Sunak. Dichas acciones han sido calificadas por parte del arzobispo de Canterbury como de “crueldad moral”, dado que la reforma también despojó a toda persona que llegue de manera irregular, de la posibilidad de iniciar los trámites para obtener la condición legal de refugiado en R. U.
Pese a que la nación vive una crisis migratoria sin precedentes en la era moderna; con más de 160 mil solicitudes de asilo y gastando alrededor de 5 millones de libras esterlinas diarias en hospedaje en hoteles para refugiados (aprox. 108 mdp), el gobierno no tiene derecho a violentar los derechos humanos de ninguna persona. Resulta por demás inhumano que Sunak siendo hijo de inmigrantes, obligue a alguien a vivir en cárceles flotantes y es todavía más lamentable que convierta esto en una bandera electoral para posicionarse y seguir en el poder.
Los habitantes de la isla de Portland, sitio donde está atracado el navío, han manifestado su molestia y preocupación ante la llegada de los migrantes, principalmente provenientes de naciones africanas. Refieren no contar siquiera con los servicios de salud mínimos para la atención de los locales. Además, algunos de ellos han asumido una postura xenófoba y de discriminación hacia los exiliados. De no lograr una buena integración entre los habitantes de la isla y los recién llegados, la situación se podría complicar mucho y esta medida en lugar de convertirse en una solución anuncia que será la causante de una desgracia.
A Reino Unido le ha costado muchos años y trabajo construir una sociedad más tolerante y sanar las diferencias del pasado. Actualmente, en Irlanda del Norte, todavía se libran batallas entre protestantes y católicos. ¿Se quiere volver a tener una nación enfrentada, ahora hacia los migrantes? El gobierno ha dicho que los indocumentados permanecerán en la embarcación de entre tres y seis meses, pero algunos activistas señalan que podrían llegar a pasar inclusive varios años, lo que de ninguna manera incentiva la integración social ni tampoco aprovecha las capacidades de los exiliados.
Ojalá que la sociedad británica se manifieste en contra de estas medidas, que no premie en las urnas a quienes utilizan el derecho a la migración como moneda de cambio electoral. Hago votos para que no haya en el mundo más cárceles flotantes. ¿En dónde están los defensores de los derechos humanos?, ¿en dónde están las organizaciones internacionales humanitarias?, ¿en dónde está las Naciones Unidas?, ¿en dónde están los estados que deberían velar por los derechos de sus compatriotas? Que lejos estamos de aquel ordenamiento llamado Xenia que aseguraba a los viajeros refugio, comida y protección en tierras extranjeras.













