El 2022 empezó mal para México. Enero se parece más a un final que a un principio. ¿Final de qué? Del mito político autodenominado “4T”. Como un mosaico, en poco más de tres breves semanas, hemos visto una serie de situaciones que muestran la ruptura de ese lugar idílico (que existe en los discursos militantes) ante una realidad preñada de muerte, dolor, pobreza y crueldad. 

Salud, dinero y amor. Vamos mal en los tres: la pandemia y el desabasto de medicamentos en aumento, la economía en descenso y la violencia incontenible. Concentrémonos en este último tema. Los primeros 30 días del año nos han dejado suficientes heridas para ver con claridad que la crisis de violencia sigue recrudeciendo. Más allá de la frialdad de las cifras oficiales (que estarán disponibles hasta finales de febrero), es imposible no estremecerse ante un caso como el del bebé Tadeo. La magnitud del horror va desde la exhumación ilegal de un cuerpo para fines que desconocemos, hasta la indolencia por parte de las autoridades que reaccionaron como si estuvieran ante un hecho cotidiano, casi rutinario, porque quizá precisamente de eso se trata: en la cruenta realidad nacional, el cuerpo de un bebé abandonado en el contenedor de basura de una penitenciaría ya no causa ninguna sorpresa en nuestros gobernantes, acostumbrados a ver cosas peores. 

También es preciso mencionar el caso de los periodistas asesinados. Sabemos que es algo que viene de antaño, por lo menos desde hace 21 años ejercer el periodismo en México es una actividad de alto riesgo. Pero, tres homicidios en cuestión de días es una forma brutal de recordarnos que el problema sigue vigente. ¿Es posible ignorar una tragedia como la de Lourdes Maldonado? Escucharla pronunciar: “Temo por mi vida” en Palacio Nacional frente a las máximas autoridades, solicitando ayuda. No sirvió de nada. La violencia y la impunidad pudieron más. Ahora, con su casa acordonada, es su perro el que tristemente hace guardia; esa imagen del “Chato” (como Argos esperando a Odiseo, pero en esta ocasión el viajero no regresa) aviva la angustia y anuda la garganta de este país. 

Y esa es la cuestión: la impunidad es lo que permite la repetición de la crueldad. Según datos de la Secretaría de Gobernación que dio a conocer el subsecretario Alejandro Encinas: “De los 52 periodistas que han sido ejecutados a lo largo del presente Gobierno, solamente en cinco casos se ha dictado sentencia”. Igual que en todos los demás crímenes y delitos, hay un 90 % de impunidad.  

Elegía viene de “élegos”, una palabra griega que se refería a un canto triste, un lamento ante el infortunio. Se queda corta. La transformación ya no fue y estamos soportando lo indecible.