El racismo, el sexismo y otras formas de discriminación siguen pesando de manera determinante en el acceso o no a la salud sexual y reproductiva de las mujeres, 30 años después de que la gran mayoría de países asumieran el compromiso oficial de poner este asunto entre sus prioridades de desarrollo.

A pesar de eso, las mujeres en su conjunto todavía están muy lejos de gozar del pleno disfrute de esos derechos y, todavía peor, existen riesgos de retroceso, según un informe publicado por el Fondo Mundial de Naciones Unidas para la Población.

“El progreso es más y más lento, y en algunos casos se ha detenido”, concluye el estudio, que ofrece datos en los que se apoya este temor: 800 mujeres mueren cada día dando a luz, una cifra que no ha mejorado en nada en los últimos ocho años; y un cuarto de las mujeres del mundo no pueden negarse a una relación sexual con su pareja.

En cuanto a la contracepción, una de cada 10 mujeres no pueden tomar sus propias decisiones y en 40 por ciento de países (con datos suficientes) la autonomía de las mujeres en cuanto a las decisiones que afectan a su propio cuerpo está disminuyendo.

No obstante, también hay noticias buenas: en el espacio de una generación se ha reducido en casi el 20 por ciento la tasa de embarazos no deseados, mientras que la mortalidad materna ha bajado en un tercio y 160 países cuentan con leyes específicas contra la violencia doméstica.