Perdido en un remoto parque natural del centro de Escocia, el castillo de Balmoral fue la última morada de la reina Isabel II y ahora los lugareños despiden con serenidad y gran tristeza a una mujer que supuso para ellos “un modelo de persona”.
Solo una tortuosa carretera local llega hasta el castillo, rodeado por la naturaleza exuberante del parque Cairgorns y bañado por el río Dee.
A este lugar tan aislado del bullicio, que la reina adoraba y usaba como residencia de verano, decenas de vecinos de los cercanos pueblos de Crathie o Ballater acudieron para rendir un último homenaje a una soberana muy apreciada por su pueblo.
Con ramos de flores, pero también con osos de peluche y otros regalos, los habitantes de la comarca y algunos curiosos mostraron su emoción y, sobre todo, respeto por la difunta.
Dispuestos en semicírculo en torno a la puerta principal del castillo, con la nutrida presencia de los periodistas detrás, alrededor de medio centenar de personas se iban turnando para despedir a quien fue su reina durante 70 años.












