Bernardo López

La llegada de Donald J. Trump a la Casa Blanca ha sido, como ya lo habíamos dicho, un punto de inflexión en la historia mundial -como la victoria de los españoles al derrocar al Imperio Mexica; o de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial; o del duque de Wellington, quien terminó con los sueños imperialistas de Napoleón Bonaparte- pues en su discurso y acciones se puede inferir que tiene el proyecto de desacoplar a Estados Unidos del plan que pretendía imponer una dictadura mundial mediante organismos internacionales.

Trump en el primer discurso de su segundo mandato, se refirió sobre el atentado que sufrió en Pensilvania, en el que afirmó que fue salvado por una razón divina: para que Estados Unidos vuelva a ser grande. Además mostró una fuerza indomable en sus palabras al señalar que «No seremos conquistados, no seremos intimidados, no seremos doblegados, ni fracasaremos. A partir de hoy, Estados Unidos de América será una nación libre, soberana e independiente».

Estados Unidos vuelve a su camino primigenio como principal potencia mundial, para hacer resurgir toda su industria, además de potenciar la producción de gas y petróleo, así como terminar con el «acuerdo verde» que impulsaba la producción de vehículos eléctricos, así salvando la industria automotriz.

El republicano también sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París -tratado que busca reducir las emisiones de gases, que se supone provocan el efecto invernadero, y limitar el «cambio climático»-, y dijo que propondría una nueva negociación para que los términos sean justos para su país, sus industrias, trabajadores, personas y contribuyentes.

¿Será que el asunto sobre el supuesto cambio climático únicamente ha servido para expoliar a los ciudadanos con más impuestos? Al parecer eso intenta combatir el presidente estadounidense, pues ha emitido otra orden ejecutiva para contrarrestar las leyes estatales que norman la emisión de gases y contaminantes. «La dominación energética estadounidense está amenazada cuando los gobiernos estatales y locales buscan regular la energía más allá de sus atribuciones constitucionales o estatutarias», sostuvo.

De igual forma, ha comenzado acciones para que las instituciones universitarias hagan ciencia y dejen de lado las discusiones bizantinas de los grupos progres, pues su país requiere que todas sus unidades de investigación trabajen a marchas forzadas para retomar la vanguardia en el conocimiento y la tecnología. No existe otra manera de continuar con el liderazgo que pasar a la acción proactiva.