Luis Mena Pantoja 

Se conoce como teatro al conjunto de artes escénicas que combinan la actuación, escenografía, vestuario, música, sonido, coreografía y performance, para presentar en un escenario una historia. La palabra teatro proviene del término griego theasthai que significa mirar, lo cual deja en claro que es un espectáculo dirigido a un público.  

El origen de las representaciones teatrales está en Atenas, la capital de la antigua Grecia, entre cinco y seis siglos antes de Cristo, cuando se presentaban dos tipos de obras: las tragedias y las comedias. 

En México, la historia del teatro se remonta a la época virreinal, en los primeros años del siglo XVI, después de la conquista de Tenochtitlán, cuando los misioneros españoles utilizaron el teatro como parte del proceso de evangelización de los pueblos, a través de las tradicionales pastorelas.  

Muchos años después, entre 1970 y 1985 surgió en México el llamado ‘teatro popular’, caracterizado por ser escrito, diseñado, montado, interpretado y contemplado por el pueblo, ligado a la situación particular de una comunidad, con la finalidad de expresar sus inquietudes y necesidades con un sentido crítico y contestatario.  

Para reflexionar sobre la historia del teatro popular en la Ciudad de México, se realizó la charla virtual «Testimonio del Teatro Colectivo Popular», organizada por el Colectivo Podemos Iztacalco.  

«Hay que dar testimonio de todo lo que se viene haciendo en la cultura popular, y fortalecerla. Hay mucho futuro por delante, hay muchas luchas que seguir dando», expresó Erasto Ensástiga Santiago.  

En este sentido, recordó la labor artística y social que durante las últimas cuatro décadas han realizado agrupaciones artísticas populares como Los oprimidos, Zumbón, Zopilote, Mitote y Espontáneos, entre muchas otras. 

 «El teatro colectivo popular surge y se desarrolla a partir de los setentas, en el marco de un movimiento popular amplio en el país. Después de 1968, en el movimiento urbano popular nacen muchas organizaciones, en el ámbito sindical hay muchas huelgas, en donde el teatro popular siempre estaba presente, solidarizándose, concientizando», explicó el dirigente social.  

Por su parte, Manuel Torres Zaragoza, señaló que en 1973 se creó el Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística (CLETA) y al año siguiente se organizó el primer encuentro nacional de teatro, donde destacó el grupo Zopilote con la obra ‘El gran circo de los hermanos Gandalla’.  

Recapituló que durante la década de los setentas en Iztacalco se organizó un movimiento teatral que llevó funciones de teatro callejero a colonias populares, como el Campamento Dos de Octubre, con la participación de jóvenes actores de las zonas marginales «que utilizaron el arte como un arma de lucha, como una forma de manifestarse».  

Ernesto López, uno de los artistas más destacados de este movimiento de teatro popular en Iztacalco -que inició en los años setentas y se mantiene hasta la actualidad-, explicó que los grupos de teatro independiente en México tienen dos características principales: la constancia de sus integrantes y la creación colectiva de sus espectáculos.  

Asimismo, reconoció que los grupos teatrales mexicanos recibieron la influencia de diversas agrupaciones teatrales latinoamericanas relevantes como La Candelaria, de Colombia, y El Galpón, de Uruguay.  

«Nosotros hemos estado cerca, dándole satisfacción a un derecho a la comunidad, un derecho a la ciudadanía que es el derecho a la cultura, que no está satisfecho y que es una necesidad. El teatro colectivo popular y de la calle tiene que continuar, pero subsidiado por las instituciones culturales del gobierno», afirmó.