Aleinad Mina
El 6 de abril de 1917 nació Leonora Carrington, una artista que con su onirismo creó para sí un mundo de libertad y misterio. Sus obras son un portal lúdico, que nos hace viajar por el imaginario de una mujer que, con su arte y estilo de vida, desafió el orden impuesto por lo socialmente aceptable.
Desde su infancia en Lancashire, se crió dentro de una familia aristocrática de Inglaterra que le exigía a la niña Leonora seguir una educación para señoritas. Cuya moral y aspiraciones tenían por objetivo formar a las mujeres como buenas esposas y madres. Fue expulsada de un colegio católico y de la escuela para señoritas Miss Penrose, pues era una mujercita indócil, y de fuerte temperamento. El deseo de Leonora Carrington estuvo impulsado frenéticamente por el mundo del arte y la literatura, el cual la llevó a romper con los estándares de su núcleo familiar. Esta etapa se refleja en su pintura “Autorretrato” (1937-1938), en la que Leonora está sentada en medio de una habitación casi vacía, con ropas elegantes, pantalones de montar y unos botines victorianos de tacón pero despeinada, lo cual alude a la vida burguesa y su afán indomable. Dentro de la habitación está su caballito de madera, y una hiena que es protagonista su cuento titulado “La debutante”. Fuera de la habitación, se ve a través de una ventana un caballo que corre libre por el bosque.
Inició su formación artística en la década de 1930, en la Chelsea School of Art de Londres, al cargo de Amédée Ozenfant. Sin embargo, no fue hasta 1936, que en Londres tuvo contacto con el movimiento surrealista, aunque su obra es reconocida por la influencia de este movimiento, la artista no se asumía surrealista, pues no acotó su obra al manifiesto dictado por André Bretón.
En sus encuentros con los surrealistas, conoció a Max Ernst, su gran amor, quien fue para la joven Leonora un gran apoyo dentro del ambiente artístico en el que se encontraba. La pareja se mudó a París en 1938, año en el que Leonora participó en la Exposition International du Surréalisme de París, en Amsterdam y más tarde en Saint-Martin-d’Arde en Provenza. Al estallar la segunda Guerra Mundial, Max fue encarcelado por ser alemán, lo que causó en ella una gran depresión. Después de intentos fallidos de liberar a Ernst, huyó a España. Y en un colapso psíquico, por los estragos de la guerra y de su situación amorosa, ingresó a un manicomio de Santander. Su obra Down Below (1944) encapsula toda su angustiante experiencia qué más tarde traducirá en fuente de inspiración y libertad creativa.
Muchos intelectuales y artistas tuvieron que abandonar Europa. Con ayuda del periodista mexicano Renato Leduc se exilió y llegó a México en 1942.
México fue la segunda casa de la artista, se dejó atrapar por el folclore de este país, la mitología maya, las tradiciones de muertos, la cotidianidad excéntrica de los mercaditos, pero sobre todo por la llegada de sus hijos Gabriel y Pablo Weisz. La pintura más icónica, de este periodo, fue El mundo mágico de los mayas (1963), un mural encargado para el Museo de Antropología. Aunque siempre tuvo deseos de volver a su país, Leonora se quedó en el Distrito Federal, hasta el día de su muerte el 25 de mayo de 2011.
















