Aleinad Mina

El estudio de los sueños tiene una antigua tradición, ya que ha sido un elemento fundamental para la comprensión del ser humano. Sinesio de Cirene o Artemidoro de Éfeso fueron de los primeros filósofos en hacer tratados sobre los sueños, pero no fue hasta las teorías psicoanalíticas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX que los sueños se tomaron desde el campo científico con mayor relevancia.

Los sueños son fenómenos volátiles que fácilmente se olvidan, pero existen diversas técnicas para recolectarlos. Tanto en la filosofía como en distintos enfoques psicológicos hay métodos que facilitan narrar de manera adecuada los sueños.

Para Carl Gustav Jung la vida cotidiana nos hace enfocarnos en actividades que nos desligan de nuestra profundidad anímica y de nuestra verdadera naturaleza. Una de las funciones del análisis de los sueños es restablecer el equilibrio entre el consciente e inconsciente. Para lograr tal equilibrio, menciona Jung se puede alcanzar “con los modos de vivir naturales, las objeciones fundamentales en la razón, la fortificación de la voluntad, hasta el análisis de lo inconsciente” (De la esencia del sueño 1945-1948), por esto el análisis de los sueños contribuye a conocerte a ti mismo.

El análisis de los sueños consiste en analizar a detalle cuales son los contenidos oníricos de la marea más leal posible, poner atención en su lenguaje simbólico. Jung menciona que muchas veces los sueños encriptan problemas o que nos muestran resoluciones de problemas de la vida cotidiana. Más que un ejercicio puede ser un hábito que te ayude a conocer mejor las facetas de tu personalidad.

Es conveniente tener una libreta específica para anotar tus sueños a manera de diario, y ponerle fecha para ubicar el momento personal en el que estabas. El primer paso es pensar ¿A qué se están refiriendo esas imágenes, con qué situación personal las podemos relacionar? Y detallar el contenido manifiesto del sueño, aunque sólo sea una imagen.

Hay que tomar en cuenta que todo lo que está registrado en nuestra mente son elementos que han sido percibidos en algún momento. Las situaciones o experiencias cotidianas no desaparecen cuando dormimos, en muchas ocasiones se traducen representaciones simbólicas de la realidad. Así que tenemos que narrar el sueño tomando en cuenta: personas, escenarios, tiempos, sentimientos, objetos, ver cómo se desarrollan en el sueño. Todos estos detalles se deben describir en un primer momento sin cambiar ningún detalle del sueño, y sin omitir o censurar ningún dato por irrelevante que parezca.

Para saber el estado anímico en el que te encuentras realmente, tenemos que enfocarnos en las emociones que generan las situaciones particulares en los sueños y también es importante tomar en cuenta la actitud con que nosotros enfrentamos esas situaciones. Muchos sueños evidencian emociones que negamos tomar, y nos hacen ser más conscientes de nuestras demandas internas. Así que es fundamental describir las emociones que acompañan el sueño.

Por último, se recomienda una vez escrito el sueño tomar los elementos que más llamen tu atención para hacer una asociación de ideas, de modo que te permita significar tu propio sueño. Esto muchas veces clarifica y distingue detalles que parecen ser irrelevantes, pero que cuyo contenido se encuentra oculto en la representación simbólica del sueño.

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