Luis Mena Pantoja 

Con una excepcional colección que abarca obras de gran valor artístico desde la década de 1920 hasta la fecha, el Museo de Arte Moderno es un espacio fundamental para la consolidación y la difusión del patrimonio cultural mexicano. 

El MAM se inauguró el 20 de septiembre de 1964, por iniciativa del entonces presidente Adolfo López Mateos, quien en su gestión desarrolló un amplio programa de institucionalización de la cultura, siendo las instalaciones y operación de este recinto el emblema oficial de la modernización del país.  

En aquella época se edificaron también el Museo Nacional de Antropología, el Museo Anahuacalli, la Pinacoteca Virreinal, el Museo de Historia Natural y el Museo de la Ciudad, sin embargo, el MAM destaca por significar la renovación y la imagen actualizada del arte nacional, y cuestionar el discurso de la identidad nacional heredado de la Revolución. 

La operación de este espacio sobrepasa la idea del museo como vitrina patrimonial y se ubica como un centro cultural promotor de experiencias y servicios culturales, a través de narrativas museológicas actuales y de un activo programa público interdisciplinario.  

Dentro de su exhibición permanente se encuentran obras de artistas tan importantes como Diego Rivera, Frida Kahlo, María Izquierdo, Rufino Tamayo, Julio Castellanos, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Juan Soriano, Juan O´Gorman, Leonora Carrington, Remedios Varo, Mathías Goeritz y Gunter Gerzso, entre muchísimos más. 

La colección de arte moderno y contemporáneo mexicano que resguarda este recinto es tan amplia, que por limitaciones de espacio se presenta por medio de exposiciones temporales. El museo tiene cuatro salas que llevan los nombres de personalidades del ambiente cultural mexicano del siglo XX: Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer, Antonieta Rivas Mercado y José Juan Tablada, además de la galería Fernando Gamboa.  

El MAM se ubica en Paseo de la Reforma, dentro del Bosque de Chapultepec, y su edificio está basado en un diseño de los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez y Carlos A. Cazares Salcido, en colaboración con Rafael Mijares Alcérreca, mientras que el diseño de las jardineras y los andadores corresponde a Juan Siles. 

La arquitectura que posee refleja una ruptura total con la tradición, como un edificio nuevo sin ningún tipo de carga histórica y para cuya edificación se emplearon materiales industrializados, bajo un diseño que responde a ideales universales y premisas formales ligadas al Movimiento del Estilo Internacional y las vanguardias de esa época: la transparencia, la planta libre y flexible, el espacio universal, la funcionalidad, la neutralidad y la ausencia de mediación entre espacio y obra a exponer. 

En su exterior se encuentra el jardín de las esculturas, como una extensión de la calle dentro del museo y un museo que sale a la calle. Esta sala de exposición al aire libre le da una función diferente a las piezas y permite una nueva manera de contemplación pública, en la que el arte es el centro de atención, y simultáneamente, una escenografía para la actividad social.