Aleinad Mina  

La tecnología marca en la humanidad su condición de desenvolvimiento, el cual puede ser apreciado como una irrupción de su destino, al fragmentar el camino histórico de la humanidad. La fotografía es un síntoma estético que niega la finitud del ser humano a partir de la tecnología. Todas y todos sabemos que los momentos al transitar la vida son únicos e irrepetibles, ¿qué pasaría si hubiera una tecnología capaz de tomar esos momentos y hacerlos inmortales? ¿El ser humano es la oposición a los principios naturales que ordenan el universo?  

La fotografía vino a crear todo un fenómeno en su aparición, desde sus primeras consideraciones al creer que si eras fotografiado te arrebatan el alma, un recurso elitista para fotografiar solamente a familias burguesas, hasta transformase en una atracción de circo o ser un documento para el periodismo, es decir, la fotografía tenía como principal objetivo reproducir la realidad tal como se percibe, ser una copia legítima y eterna de un momento fugaz. Hasta que en el siglo XX con las propuestas de las vanguardias se cuestionó sí la fotografía podía ser más que una copia, transformar la realidad a través del arte.  

Desde el ángulo de la sensibilidad que hizo instantes eternos estalló la dimensión artística de la fotografía. La fotografía japonesa experimental se da en Japón cuando a mitad del siglo XX pierden la guerra y el imperio japonés pasa una etapa de transición y los pioneros en dicho estilo, herederos del arte experimental son Yutaka Takanashi, Takuma Nakahira, el crítico Koji Taki y el escritor Takahiko Okada, crearon una revista llamada Provoke que marcaría a una diversidad de estilos de fotógrafas y fotógrafos, entre los cuales destacó el japones Daido Moriyama.  

El psicoanalista Jerovan Hernández menciona que “la imagen de Daido Moriyama tiene una apertura hacia la dimensión lateral que eterniza Moriyama a través de la fotografía, abre el campo de un colapso humano por el plano difuso que atrapa, que encasilla en un instante fuera de lo planeado, y tal refiere a rupturas de la cercanía de la imagen, creando de esa ruptura una transversalidad subjetiva para el espectador.” Cada imagen es una oportunidad de encontrar una narrativa o bien se puede vaciar de discurso y sólo contemplar lo extraordinario en lo cotidiano. 

Por otro lado, el movimiento japonés de fotografía Provoke es análogo de manera exquisita a la vanguardia del dadaísmo y la filosofía de Walter Benjamin que en su libro La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, menciona cómo la técnica es un acontecer distinto y puede ser el objeto de la autenticidad en la reproducción de la obra, así la técnica are-bure-boken, es decir, grano, barrido y desenfoque, es un lenguaje estético que encuentra un colapso entre los espacios fotográficos y sensoriales, Daido Moriyama es el especialista heredero de este movimiento de subversión fotográfica. La obra de Moriyama poetiza la imagen desde el desenfoque, la sobrexposición, y con una carga de narrativas visuales a partir de contrastes en blanco y negro. 

La fotografía pertenece a la dimensión del arte, y el arte nunca deja de estar en la constante de reinterpretarse a sí misma, encontrándose y desintetizándose para ramificar el fenómeno de la imagen que no se limita a un único sistema visual humano, sino que abre un sinfín de posibilidades para percibir de muchas maneras.