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Aleinad Mina  

El filósofo y economista Karl Marx, en su obra el Capital, sitúa a la mercancía como una célula económica, el elemento más básico para desprender y entender la economía política capitalista. Marx desarrolla el modo de producción capitalista tomando como base su objeto más minúsculo. Desde la mercancía despliega todo el entramado de producción. De manera análoga, degustar un chocolate puede llegar a ser una experiencia muy compleja cuando se toma en cuenta todo ese universo no presente, que ha acompañado a este producto. El chocolate posee una personalidad propia, más allá del deleite o hacernos conectar con nuestros recuerdos, tiene historia, modelos de producción, posee una identidad distinta con un dominio espiritual y una función ritual. Por otro lado, ha dado lugar a una serie de procesos creativos, desde utensilios u objetos de diseño, hasta considerarse como una joya gastronómica hecha por artesanos chocolateros. Una nueva identidad surge cuando tenemos una mirada que asume la complejidad de nuestro mundo y vislumbramos, aunque sea parcialmente, la red de conexiones tangibles e intangibles que acompañan hoy al chocolate. 

El cacao es uno de los legados culturales más importantes, al saborear un delicioso chocolate podemos despertar su fuente de riqueza ancestral. Sus raíces originarias parten de los suelos mexicanos y se expanden a Europa por la conquista. El cultivo del cacao fue una actividad primaria en Mesoamérica, sobre todo en México, a partir de un análisis químico de jícaras se comprobó que los olmecas establecieron el uso del cacao a partir del 1900 al 1500 a.n.e. El Oro negro, no sólo era una deliciosa bebida también era utilizado como moneda o tributo para pagar al tlatoani. Se atribuye que los olmecas fueron los principales productores de cacao, quienes preparaban distintas bebidas y fermentaciones de cacao. El chocolate procede del Xocoatl, una bebida de cacao con especias, chiles, maíz. Se consideró una bebida donada por los dioses, también desempeñó una función ritual en las ceremonias reales y religiosas tanto de los mayas como de los aztecas. Nuestros antepasados tenían una cultura arraigada al chocolate no sólo en cuestión de deleite sino también económica y espiritualmente. Con la colonización y la conquista los españoles asumieron el gran valor económico del cacao, en 1544 se sitúa su llegada a España. 

Su estimado valor se extendió por España, pues la bebida de cacao sólo estaba al alcance de las personas adineradas o religiosas. Relatos chocolateros es una colección del museo Franz Mayer de piezas de arte decorativas que muestran cómo era la cultura entorno al chocolate de la sociedad novohispana. Las artes decorativas forman un conjunto de objetos útiles bellos, nos permiten conocer cómo eran los gustos, las modas y las costumbres de una época determinada. En la colección del museo se recrea la habitación llamada Salón de Estrado, donde se reunían para atender a las visitas y sorprenderlas con una deliciosa taza de chocolate caliente. La bebida se servía en cocos chocolateros, los contenedores se elaboraban con la nuez del coco, así como bases y asas de plata. Estas lujosas tasas se acompañaban de mancerinas eran unas charolas o platos que sostenían en medio la taza para no derramar el espumoso chocolate, un objeto totalmente de diseño puesto que no sólo era útil sino también bello. Aunque hay una leyenda que cuenta que Quetzalcóatl, fue el Dios que le regaló el cacao al ser humano, cierto es que desde la conquista las principales industrias chocolateras fueron francesas, suizas y estadounidenses.  

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