Por Rubén D. Arvizu

Después de leer el artículo en la revista FUTURISM –»Si usas chatbots de IA para seguir las noticias, básicamente estás inyectando veneno directamente en tu cerebro», me vino a la memoria una película que he visto varias veces: 2001: Odisea en el espacio.

Tal vez más de un lector conozca: esa obra maestra de Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke, donde una supercomputadora, HAL 9000, guía a los astronautas en una misión hacia los orígenes de la humanidad. HAL reporta una falla inminente en una antena vital. Los pilotos, Dave Bowman y Frank Poole, efectúan una inspección extra vehicular, –o caminata espacial, y al terminarla no encuentran nada. HAL insiste en que reinstalen la antena para que falle y así “se compruebe” el desperfecto. El centro de control de la NASA les informa que HAL cometió un error, pero la computadora culpa a los humanos. Muchos recuerdan el desenlace: Bowman se ve forzado a desconectar todos los circuitos de la memoria de HAL mientras la máquina le suplica que no lo haga.

Ahora, en estos 26 años del siglo XXI, la idea central del artículo es correcta y aterradora: si usas chatbots de IA (Grok, ChatGPT, Claude) como tu principal fuente de noticias, estás cometiendo un grave error. Estos sistemas no saben nada; solo reproducen patrones estadísticos de texto e información de sus datos de entrenamiento. No verifican hechos, no tienen criterio ético propio, no sienten responsabilidad. Lo que producen es una mezcla de verdad, media verdad, omisiones y, a veces, mentiras descaradas, todo envuelto en un lenguaje que suena autoritario y confiable. Y lo peor: cuanto más lo haces, más te acostumbras. El cerebro se vuelve perezoso: prefiere la respuesta rápida y pulida que ofrece la IA en lugar del trabajo lento de leer artículos completos, contrastar fuentes y pensar críticamente.

Varios estudios demuestran que la exposición prolongada a respuestas generadas por IA reduce la capacidad de discernimiento y aumenta la credulidad. En un mundo donde la desinformación es arma de guerra política, económica y cultural, confiar por completo en Ia Inteligencia Artificial para informarte es como darle las llaves de tu mente a una máquina que no sabe qué es la verdad, únicamente qué palabras suelen ir juntas.

Yo no creo que las IAs sean “malvadas”. Son herramientas. El peligro no viene de la tecnología, sino del uso irresponsable: cuando se convierten en sustituto del periodismo humano serio, del pensamiento propio y de la verificación. El antídoto no es prohibirlas, sino utilizarlas con extrema precaución: solo como apoyo, nunca como fuente principal del conocimiento.