José Sánchez López

La reunión era en el el exclusivo restaurante “Morton’s”, ubivado en Paseo de las Palmas, Lomas de Chapultepec, al sur de la Ciudad de México.

Ambos, cliente y abogado defensor, llegaron puntuales a la cita de las dos de la tarde. Había que afinar detalles sobre la estrategia que aplicaría el destacado litigante, Juan Ramón Collado Mocelo, en defensa de uno de sus más famosos clientes, Carlos Romero Deschamps, secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros de México.

Tras los saludos y abrazos de rigor, procedieron a degustar las viandas y vinos que disfrutarían durante la comida, para después abordar temas de interés para ambos.

Tanto el abogado como el líder petrolero, iban acompañados de sus escoltas que ocuparon mesas contiguas, separadas a prudente distancia, mientras que otros esperaron en el estacionamiento la salida de sus respectivos jefes.

Por espacio de algunas horas se dedicaron a disfrutar de los suculentos platillos y vinos, para después pasar a una sobremesa que se alargó aún más que el tiempo de la comida.

Hasta esos momentos, cerca de las cuatro de la tarde, no había indicio alguno del amargo trago por el que tendrían que pasar hora y media después.

Mucho tiempo antes, un grupo de 10 agentes de la Policía Federal Ministerial, vestidos de civil, de manera discreta, sin aspavientos y sin llamar la atención se habían apostado estratégicamente en las inmediaciones del restaurante.

El operativo, que sería calificado como “quirúrgico”, se había montado con tal precisión, que ni siquiera los guardaespaldas del litigante y del líder petrolerto, se percataron de la presencia policíaca, menos aún los guardias de los demás comensales.

Durante la prolongada sobremesa, se desconoce qué fue lo que platicaron Collado Mocelo y su cliente, Romero Deschamps, aunque se supone que podría hacer sido el diseño de esrategias a seguir en defensa del segundo, dado que existe media centenar de denuncias en su contra por diversos delitos.

Fue hasta minutos después de las cinco de la tarde, cuando dieron por termianada la reunión y se encaminaron a la salida del restaurante para abordar sus vehículos.

Mientras tanto, durante todo ese tiempo, los federales permanecieron atentos y expectantes a cualquier movimiento de entrada y salida de todos los comensales.

A las 17.08 minutos traspusieron las puertas del establecimiento y justo cuando se dirigían a sus respectivos vehículos, fueron rodeados e interceptados por los agentes federales.

La sorpresiva acción, desconcertó momentáneamente a los guardaespaldas que no atinabam a comprender qué era realmente lo que sucedía y el ambiente se volvió tenso.

Los federales tenían que cumplimentar la orden de aprehensión, resultado de una acuciosa investigación, mientras que los guardias de seguridad privados, tenían que salvaguar a sus jefes de cualquier acto que pudiera ser criminal.

Cuando la situación amenazaba con desbordarse, un grito se escuchó por parte del elemento al mando del operativo policial.

-Policía Federal Ministerial, gritó, está usted arrestado, licenciado Juan Ramón Collado Mocelo, para enseguida mostrar la orden de aprehensión y decirle sus derechos al inculpado.

_Tiene derecho a un abogado, a guardar silencio y cualquier cosa que diga, puede ser usada en su contra.

Paradógicamente, quien se mostraba demudado, pálido y visiblemente nervioso no era el abogado, sino Romero Deschampos, que por instantes se quedó prácticamente anclado al piso.

Empero, al mostrarle el documento oficial a Collado Mocelo, que analizó cuidadosamente, su actitud cambió y terminó por entregarse sin resistencia a la vez que decía: “estoy a sus órdenes”.

Sin embargo el rostro del litigante se había transformado y acusaba ya los estragos de la diabetes y la hipertensión, padecimientos de los que adolece desde hace varios años y que se le agudizaron ante lo sorpresivo de su detención.

Simultáneamente, mientras Collado Mocelo era llevado a uno de los vehículos oficiales, Romero Deschamps, arropado por sus escoltas, se echó a caminar rápidamente hacia su vehículo al que subió para enseguida alejarse velozmente.

Empleados del Valet Parking del establecimiento comentaron con sorna: “seguramente pensó que venían por él”.

El abogado fue subido a una de las unidades aparcada a las afueras del restaurante, para ser llevado directamente al Reclusorio Norte, a disposición del juez Jesús Eduardo Vázquez Rea, que fue quien había otorgado la orden de aprehensión

Se sabría después que durante la audiencia, que duró más de 11 horas y en la que terminó siendo vinculado a proceso por los delitos de operaciones con recursos de procedencia ilícita (lavado de dinero) y delincuencia organizada, fue necesaria la intervención varias veces del cardiólogo Jorge Eduardo Cossío, quien atiende al abogado Collado desde hace 14 años.

Trascendería también que Carlos Romero Deschamps, terminaría también siendo atendido por su médico de cabecera, ya que sus padecimientos gastrointestinales se agravaron.

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