Bernardo López 

Llegaron 250 mil personas al Zócalo de la Ciudad de México para el evento del presidente Obrador, sin embargo… dónde quedó el apoyo espontáneo de los capitalinos, por qué no llegaron las hordas de simpatizantes a desbordar el primer cuadro; tuvieron que echar mano de militantes de otras entidades. 

No debemos negar el arrastre del titular del Ejecutivo federal, quien aún mantiene grandes simpatías en todo el país, un activo nada despreciable para quien logre ser candidato de Morena para la presidencia de la República -pero ¿será suficiente?-. 

A tres años de Gobierno ya deberían verse los cambios que el presidente prometió: acabar con la inseguridad, crecer a 6 por ciento del PIB, tener un sistema de salud como el de Dinamarca, bajar los precios de los combustibles, erradicar la corrupción. 

Lo que escuchamos el miércoles pasado fue una perorata de lo mismo, los resultados no se ven por ningún lado, siguen las mismas carencias de sexenios atrás, continúa la misma violencia e inseguridad, la impunidad mantiene la misma lógica de años pasados. Prevalece la inercia de décadas anteriores. 

El combate a la pobreza, una de las banderas insignia del presidente, ha sido un fracaso, porque no hay menos personas con los requerimientos mínimos para un desarrollo integral, a lo que debemos sumar una inflación en 7 por ciento, que destroza el poder adquisitivo de las familias mexicanas.  

El Ejecutivo federal justifica que este nivel de encarecimiento también se registra en Estados Unidos, un argumento que utilizaron los neoliberales, quienes señalaban causas exteriores a todo lo que sucedía en el país, como el caso de los precios de las gasolinas o del gas. 

Nada de lo que tanto denunció de manera incansable, ese luchador social que ahora es presidente de la República, se ha cumplido; a lo que más llega es a culpar al pasado o realizar fugas hacia adelante, eso sí, con la llama encendida de la esperanza, para que los mexicanos vivan de ilusiones. 

En una plancha llena, aunque con vacíos que se podían observar, el aplausometro permitió percibir la empatía que traen los suspirantes a la candidatura presidencial, en el que los principales contendientes quedaron empatados -mala señal para la preferida; también para el otro aspirante-, pues el momento de mostrar el apoyo de las personas. También nos muestra que aún no hay nada definido, pues no existe una simpatía clara por los adelantados. 

Mientras su líder tiene las máximas simpatías, a pesar de cómo conduce al país, no significa que eso se traduzca en votos para los adelantados. Todos fuimos testigos de cómo la Ciudad de México se volcó por otras opciones, un fenómeno que no se puede descartar para el 2024.