Rafael Lulet 

El pasado primero de diciembre se cumplió tres años oficialmente de la administración de López Obrador, y los logros de su gestión siguen aún sin verse, el discurso del combate contra la corrupción es una moneda la cual poco a poco se va desgastando, sobre todo ante la exhibición de videos donde gente cercana a él, se encuentran envueltos en escándalos por recibir dinero en bolsas de papel fuera de la ley o depositando cantidades en operaciones denominadas “carrusel” para esquivar las alertas bancarias, con destino desconocidos aunque se presuma que fueron utilizados para gastos de campañas, siendo este, un delito electoral.  

Las mañaneras han sido una ventaja utilizada por este personaje para mantenerse  vigente, aunque la información que maneja no sea oficial, sino utilizada para golpear a sus opositores o desvirtuar información publicada por diversos medios ya sean nacionales o extranjeros, sin considerar de distraer la atención de la nota del día sobre todo cuando se tiene la información exponiendo cosas negativas de su administración, también agregar los actos proselitistas los cuales en ocasiones ha manejado para posicionar su partido sobre todo en tiempos electorales sin importarle las censuras impuestas por el Instituto Nacional Electoral por violación a la Ley, todo a cargo del erario público. 

Es así, como tenemos a un mandatario que no le importa si viola o no la Ley, y a quien lo único significante para él, es la popularidad, aunque la tiene, pero para mal o para bien, porque es verdad, las personas hablan de Obrador, pero por su actitud, la imagen sobre su mandato se encuentra dividida, entre quienes no lo quieren y quien lo acepta, ese es el grado de su celebridad, pero fuera de eso, no existe motivo para determinar su buena actuación como presidente, y así como vamos, terminaremos el sexenio con un personaje inflado pero sin haber demostrado su capacidad para gobernar, saliendo por la puerta oscura tal como lo definirá la historia. 

Claro ejemplo, lo ocurrido el primero de diciembre, su ego, quería demostrar a sus opositores y aquellos quienes ya no lo quieren, que él aún puede llenar el zócalo como en sus años de gloria donde la gente asistía incondicionalmente con solo hacer el llamado, pero, ya los tiempos no son los mismos, y tras el mal gobierno el cual ha presentado en su gestión, sus seguidores, refiriéndonos a funcionarios públicos y partidistas debieron cumplir con su mesías contratando camiones para llevar gentes motivados por una cuota monetaria o en caso de trabajadores presionados para conservar sus puestos laborales. 

Algunos otros pagaron por llevar personas mientras trabajadores de secciones sindicales fueron condicionados de llevar 20 individuos por cabeza para cubrir la cuotas solicitadas, de esta manera fue como garantizaron el lleno en la plancha del Zócalo, al estilo priista, entregando los “frutsis” y tortas para sus acarreados, eso también nos recuerda al diezmo obligado para entregar la charola del supuesto “gobierno legítimo” donde se encontraba implícita dentro de esa planilla Claudia Sheinbaum; realmente no son diferentes, absolutamente, nada distintos a los gobiernos anteriores, lo único cambiante es la hipocresía y el cinismo, de ahí en fuera, la similitud es la misma.