Enrique Escobedo
Cada día somos más ciudadanos que tememos un golpe de Estado técnico y lo sospechamos por la mala calidad de reformas políticas llamadas Plan B cuyo propósito es desmantelar al Instituto Nacional Electoral a fin de que sea el actual gobierno el que controle el proceso electoral, cuente los sufragios y haga públicos los resultados. En otras palabras, es predecible que el actual gobierno ya desplegó su estrategia con el firme propósito de no soltar el poder y aferrarse a él cueste lo que cueste. Es un retroceso porque ya es clara la decisión gubernamental de regresar al partido de Estado y amagar a la prensa crítica. De ahí la sección “quien es quien en las mentiras” y las permanentes acusaciones sin pruebas del presidente hacia quienes piensan diferente mediante la estigmatización y la violencia verbal.
Somos muchos quienes hemos advertido acerca de un posible golpe de Estado Técnico, no soy la única voz que denuncia desplantes autoritarios presidenciales y leo sistemáticamente a mis excelsos colegas de Impar y de otros medios que señalan mediante sospechas fundadas acerca del peligro autoritario del actual gobierno.
Es cierto, nadie tiene las pruebas en la mano, tampoco podemos asegurar con precisión cristalina acerca del futuro autoritario de la imposición de quien ocupe la titularidad del poder Ejecutivo Federal en el corto plazo del país, pero tenemos evidencias demostrativas de que vamos hacia atrás en economía, sobre todo en inflación, que la calidad educativa decae, que la prestación de servicios públicos sanitario-asistenciales deja mucho que desear por falta de medicinas y de mantenimiento a los equipos médicos, que la violación a los Derechos Humanos se oculta y la Comisión responsable no actúa apegada a sus deberes, que la desviación de recursos mediante asignaciones directas en la Administración pública en lugar de licitaciones abiertas es patente e incluso desproporcional con respecto a gestiones anteriores. Los costos de la refinería de Dos Bocas y del tren Maya ya son exorbitantes, se ha desbordado el presupuesto inicial y se siguen dañando el sistema ecológico, peor aún, México no cumplirá los Acuerdos de París en materia de combate al calentamiento global. Es preocupante el manejo de nuestras relaciones internacionales en muchos foros bilaterales y multilaterales y los nombramientos de muchos embajadores y cónsules que además de improvisados han manchado el prestigio de la política exterior.
La lista es larga y el descuido en las formas y el aseo en materia de transparencia y rendición de cuentas es preocupante. La actual gestión esconde datos en nombre de la seguridad nacional o peor aún, simplemente dice tener otros datos y no los hace públicos violando el artículo seis de nuestra Constitución política.
En política se dice la frase “lo que parece, es”. Léase, hay demasiados indicadores y excesivas señales de que el presidente hará hasta lo indecible por mantener a su movimiento social en el poder. Por eso insiste en que “no me vengan con el cuento de que la ley es la ley”.
Las conclusiones a las que llego, en efecto, pueden ser erróneas, pero lo dudo. Las sospechas son fundadas y mucho me temo que estamos más próximos a un gobierno autoritario que al fortalecimiento de la democracia.