Enrique Escobedo 

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) desde su fundación, cuyo nombre era en 1929 el Partido Nacional Revolucionario (PNR) fue promoviendo cambios que le beneficiaran a la organización y, a la vez, a la sociedad, de ahí que definió dos límites: legalidad y legitimidad y un campo amplio de maniobrabilidad consistente en el cuidado de la forma y el fondo. La reforma política de Adolfo López Mateos de introducir la figura de diputados plurinominales fua un acierto y a algunos priistas no les gustó la medida. El PRI no quiso reconocer el triunfo del Partido Popular Socialista (PPS) en Nayarit durante el sexenio de Luis Echeverría Álvarez lo cual pudo ser un gran paso en la vida política democrática, pero la ortodoxia priista, encabezada por LEA no lo permitió. Lo mismo aconteció con Miguel de la Madrid quien se negó a aceptar, junto con el priismo conservador el triunfo del PAN en Chihuahua. Fue Carlos Salinas de Gortari quien se mostró conforme con el triunfo del blanquiazul en Baja California y, por lo que se sabe, hubo priistas molestos debido a que se entregó una gobernatura y se rompió la hegemonía del tricolor de alrededor de 50 años. 

Ese malestar de militantes conservadores le hizo mucho daño a su partido. Para fortuna de nuestro país hubo priistas que si entendieron la importancia de impulsar reformas electorales. También fue durante los gobiernos del partido tricolor que se impulsaron reformas políticas, los órganos constitucionales autónomos (OCA), la apertura comercial internacional y la transición pacífica del poder.  

Ahora, algunos militantes de Morena se oponen a las diputaciones plurinominales, quieren el Congreso monocromático, desaparecer a los OCA y no les hace muy felices la idea de alternancia partidista Entonces me surge la duda, ¿acaso no será que ese conservadurismo de militantes morenistas es el mismo conservadurismo de los priistas que se negaron a reconocer los triunfos de la oposición en Nayarit y Chihuahua? Ese espíritu del conservadurismo priista se manifiesta hoy en Morena y quiere regresar por sus fueros como un nuevo partido. Aún más, no solo en lo político ven al pasado, también en el modelo de desarrollo económico-administrativo que se agotó en los sexenios de Luis Echeverría y José López Portillo.  

Ahora me queda claro que hubo dos tipos de priistas que se salieron a partir de la escisión generada por la corriente democrática a finales de los años ochenta. Los que abrazaron el Nacionalismo Revolucionario y los que no querían cambiar de modelo y añoraban el llamado “Desarrollo estabilizador”. El segundo grupo se salió con la intención de fundar un nuevo partido hegemónico y regresar a los años setenta. Pero olvidaron algunos detalles, por ejemplo, que el cuidado de la forma y el fondo siempre era importante. También omitieron el detalle de que la ciudadanía ya cambió y ya no vivimos a la sombra del muro de nopales, que ahora las sociedades son plurales, que aspiramos a la tolerancia y que las libertades ganadas ya no son negociables. Esos militantes que abandonaron al PRI a fin de refundarlo bajo la sombra de un caudillo ahora tienen el poder y, por lo mostrado, desean otros 70 años de hegemonía monopartidista. En lo personal no creo que lo logren.