Bernardo López 

Los países de occidente no encuadran en el modelo totalitario chino, mediante la imposición de tecnología digital y genética, que corrompe la evolución de la humanidad y amenaza el concepto de vida que conocemos hasta nuestros días. 

En China existe un sistema de puntaje de comportamiento, que valora la conducta de las personas, similar al sistema que se utiliza en los permisos de conducir en la Ciudad de México. Esto impide a las personas su derecho a disentir, a pensar diferente, y tienen que asumir lo que les dictan. 

Ese tipo de totalitarismos no funcionan en occidente, cuna de la democracia, los derechos humanos y las libertades. La sociedades han demostrado su rechazo. Ejemplos hay muchos, basta con observar lo que sucede en Francia, Australia, Canadá, Inglaterra, Países Bajos e Italia. 

Hace poco se me hacía extraño que muchos países comenzaron a militarizar sus gobiernos; ahora me queda claro cuál es el objetivo, pues se está forzando a las personas a inocularse sustancias experimentales, como el ARNm. Hasta ahora no he visto una acción directa de las herramientas castrenses, sin embargo, en varios países podemos observar cómo la policía se utiliza para reprimir. 

También me queda claro (aunque es todavía una hipótesis) que los encierros fueron para disminuir la producción de vitamina D, que está asociada al fortalecimiento del sistema inmune, además del estrés, que también afecta la producción de glóbulos blancos. 

Esos cócteles de aislamiento son idóneos para que cualquier humano sea presa de infecciones respiratorias, desde la gripe común, la influenza estacional o el covid19, pues una persona activa mantiene su autoestima alta y consecuentemente sus sistema inmune está alerta. 

El caso es que las personas de los países democráticos aborrecen el sistema chino, que se funda en las tesis de Confucio, sobre la gran familia y títulos nobiliarios que prevalecen en ese país, donde no caben las ideas diferentes o que vayan en contra de las ideas centrales. 

Por tal motivo, debemos defender el derecho a pensar diferente, aunque nos cueste más trabajo armonizar los límites del derecho de cada individuo o de cada grupo; no debemos permitir coartar la voluntad de las personas, porque clamar la anulación de los deseos del otro lo único que provoca es la supresión de los propios.  Es muy peligroso el sistema chino, porque las autoridades abusan de esas herramientas. Se puede llegar al extremo de que las personas no puedan decidir que ropa vestir, si puede salir a la calle, o peor, si tiene derecho a comer, respirar o vivir.