Pedro Flores  

Sin lugar a dudas, la pasada cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, fue un fracaso  en donde no sólo México salió debilitado y quedó muy lejos del papel de líder regional, sino también Marcelo Ebrard, para muchos observadores políticos opinan que dicho evento constituyó una “jugada de trampa” con fuego amigo a  uno de los más fuertes aspirantes a la presidencia de México, que llevó todo el peso del evento y que no pudo mitigar el impacto negativo del fracaso del mismo, mientras AMLO colocó en primera fila a Claudia Sheinbaum en su III Informe, y ésta cambia casi totalmente su gabinete, apenas termina la reunión internacional.  

La trampa estuvo bien hecha, haces el engaño con tu mejor carta, a quien muchos ya lo denominaban como “vicepresidente” y la gente se va con los mensajes en torno al desarrollo de la jugada con mensaje en contra de la OEA, a quien llama “lacayo” de EU y dejas que tu mejor jugador siga corriendo por dentro, organizando un evento que en teoría le subiría los bonos y aspiraciones… pero sólo el que envía las señales sabe que la jugada va en sentido contrario, porque desde antes se sabía que no asistirían los enviados de Chile, Colombia, ni el presidente argentino, Alberto Fernández  ni Jair Bolsonaro de Brasil, por lo que no se podía hablar de unidad continental.  

El objetivo principal de la  cumbre, era  para lograr el consenso que llevara a la sustitución de la OEA, promovido por AMLO, esta situación ya había causado malestar en el  gobierno de Estados Unidos ya había enviado un extrañamiento a México,  afortunadamente para nuestro país el tema no fue abordado y por ende no apareció  en el documento final, en donde sólo se llegó a un acuerdo real que fue un plan de trabajo inspirado por la pandemia del Covid-19 y la insuficiencia de vacunas en muchos países de la región que fue aprobado por unanimidad.  

La jugada de trampa siguió, si bien la prensa escrita y hasta las “benditas” redes sociales ya habían criticado al presidente Andrés Manuel López Obrador, por sus loas al mandatario cubano Miguel Díaz-Canel en plenas fiestas patrias, fue muy sorpresivo para Marcelo Ebrard, que le avisaran que Nicolás Maduro presidente de Venezuela ya estaba en el avión rumbo a México, cuando se esperaba a otra persona lo cual encendió más la “caldera del diablo” latinoamericano.  

Como en todas las reuniones, el presidente del país anfitrión es el que lleva la batuta en todo, pero en esta cumbre, fue “casualmente” Marcelo Ebrard quien tuvo que estar al frente cuando el presidente de Paraguay, Mario Benítez, decidió abandonar el encuentro luego de reiterar que: “Mi presencia en ningún sentido representa un reconocimiento al gobierno de Nicolás Maduro”, para luego escuchar  a Luis Lacalle, Presidente de  Uruguay decir ante el pleno:  «En determinados países no se respeta la democracia plena; vemos con preocupación lo que ocurre en Cuba, en Nicaragua y Venezuela». “  

La cumbre de la CELAC a la que asistieron 18 presidentes o jefes de Estado, 12 cancilleres y otros funcionarios de un total de 31 países de la región, sólo demostró el gran divisionismo que existe en el continente y  que de  nada han servido todos los intentos de unificar criterios desde  hace décadas, reunidos en una sopa de letras inútiles como son  ALALC, ALADI, CAN, SELA, ALBA-TCP, SICA, UNASUR, CELAC, MERCOSUR, y demostró que prevalece  una profunda división entre naciones democráticas y las antidemocráticas. Venezuela y Cuba fueron los principales receptores de las críticas al igual que Nicaragua.