Enrique Escobedo 

El próximo lunes 7 de junio amaneceremos con datos del Instituto Nacional Electoral (INE) prácticamente definitivos y oficiales. Tal vez algunas casas encuestadoras y otras personas lleguen a tener otros datos, pero los únicos válidos serán los del Organismo Constitucional Autónomo.  

Vislumbro tres escenarios, aunque seguramente habrá más. El primero es que el partido oficial, junto con sus partidos aliados ganen, al menos, 251 curules (uninominales y plurinominales) y con ello tengan mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. A eso habría que agregarle que de las quince gobernaturas gane doce. Con esos resultados las consecuencias serían el mayoriteo aplastante y sin necesidad de debates, una oposición minúscula y con la muy alta posibilidad de que las reformas constitucionales que se deseen desde el Palacio Nacional se ejecuten sin problema debido a que el artículo 135 constitucional exige que los cambios a nuestra Carta Magna requieren del voto de las dos terceras partes de los individuos presentes del Congreso de la Unión y que sean aprobadas por la mayoría de las legislaturas estatales. Cabe recordar que Morena ya gobierna en siete estados de la República y, por lo mismo, bajo este escenario ya tendría diecinueve entidades. 

El segundo escenario es que Morena y sus partidos aliados no obtengan las 251 diputaciones y gane diez gobernaturas. Eso obligaría a que los actores políticos debatan las iniciativas de ley propuestas por el poder Ejecutivo, con lo cual se enriquecerían las mismas. Se gobernaría escuchando a la oposición y los estados de la República podrían impulsar una renovación del federalismo. La mesura estaría presente y las distintas voces de los actores políticos se escucharían. 

El tercer escenario es que el partido oficial gane, al menos, los 251 escaños con sus partidos aliados, pero no logren más allá de ocho gobernaturas. Con ese paisaje, el Ejecutivo Federal intentaría fortalecer a sus super delegados y utilizar la pinza de las secretarías de Gobernación y de Hacienda con el propósito de forzar los cambios constitucionales que así desee. Lo cual no favorecería la vida política en provincia y se correría el riesgo de una mayor centralización financiera y administrativa.  

Por supuesto que hay más escenarios y habría que analizar el comportamiento del electorado en el norte del país que muy probablemente será distinto al del centro y al del sur. También habrá que observar a los estados de México, Nuevo León y Jalisco, pues en esas entidades se concentra demográficamente mucha población y eso también repercutirá en los equilibrios de fuerza en la Cámara de Diputados a la hora de la distribución de las presidencias de las comisiones. 

Me queda claro que en Morena desean construir o reconstruir la aplanadora del binomio gobierno-partido que imperó en gran parte del siglo pasado y que muchos miembros de ese partido añoran, pues ahí se formaron políticamente. Son personajes acostumbrados al mayoriteo y a la imposición. No ven con benevolencia los triunfos de la sociedad civil en la transición democrática y tampoco son proclives a favorecer la democracia participativa o, en su caso, sólo la que ellos controlan. Por supuesto que su discurso es de apertura y tolerancia, pero es de dientes hacia afuera. 

En lo personal veo que Morena, el Verde, el Partido del Trabajo y sus nuevos aliados, léase Fuerza Social por México, Redes Sociales Progresistas y Encuentro Solidario tienen grandes probabilidades de obtener, al menos, los 251 escaños que requieren para modificar las leyes a su antojo y al vapor. Lo cual ya sería un paso significativo para el mayoriteo. Difícilmente los tres nuevos partidos lograrán su registro, pero los votos obtenidos serán suficientes para que algunos diputados logren por la vía plurinominal los ansiados curules.  

Lo que acontezca en los quince estados de la República será determinante en el desarrollo de la vida política nacional y en la construcción de la democracia que en estos momentos está siendo acosada a fin de que regresemos al monopartidismo. Alejarnos del debate y la tolerancia no nos aproxima a la eficacia gubernamental y mucho menos, en automático, a una mejor calidad de vida. Aún más, ese escenario nos aproxima a una nomenclatura o nueva mafia del poder y a decisiones autoritarias en nombre de un proyecto unidimensional. De ahí que el lunes 7 de junio sabremos si ganará el primer escenario o el segundo o alguna combinación. El destino de México está en nuestras manos. 

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