Enrique Escobedo 

Algunos teóricos de la política sostienen la tesis de que la cuarteta leyes, doctrina, elecciones y armas es el sustento del Estado moderno democrático y que un correcto equilibrio de los cuatro elementos legitima las acciones de los gobiernos. En otras palabras, se trata de que una sociedad despliegue la cultura de la legalidad al convencerse en los hechos de que sus leyes son aceptablemente justas, debatidas en la pluralidad e independencia del poder Legislativo y contextualizadas en los valores sociales imperantes. Consecuentemente, se desarrolle una doctrina entendida como una concepción ideológica proclive a las ideas de independencia, libertad y soberanía con claros tintes de tolerancia política, aspiración a la justicia social y legitimadora de la relación gobierno-sociedad. Es importante destacar cuanto antes que la doctrina política moderna no es un acto de fe como la que impulsaron comunistas, fascistas y nazis, sino la permanente búsqueda del respeto a los Derechos Humanos, la paz social y el desarrollo integral de los pueblos. En el rubro de las elecciones lo fundamental es que la sociedad tenga opciones de elegir de entre diversas opciones partidistas, tenga certidumbre en el proceso electoral y que se respete la equidad en la contienda, así como a las instituciones responsables de la organización de la contienda electoral. Por lo que respecta a las armas se refieren al uso legítimo de la violencia, ya sea mediante las corporaciones policiacas, la guardia Civil o el ejército. Con lo cual, además, de proteger al Estado y a su población, también se blindan los gobiernos ante cualquier intento de golpe de Estado o cuartelazo. 

Dicha tesis es a todas luces sostenible debido a que cualquier analista serio de la vida de las naciones difícilmente la debatirá. En todo caso cuestionará, en su caso y con justa razón, si las leyes son redactadas desde el poder Ejecutivo a fin de subordinar a los poderes Legislativo y Judicial e imponer leyes a su conveniencia con el propósito de concentrar poder, controlar el presupuesto, asfixiar a las regiones, provincias, departamentos territoriales o entidades federativas. También ese analista pondrá en tela de juicio a la doctrina si deviene en el maniqueísmo de que se está con el gobierno o se está en contra. Peor aún, cuando la doctrina es sinónimo de inflexibilidad, esclerosis y obediencia ciega al príncipe, se corre el riesgo de caer en el autoritarismo. Por lo que respecta a la organización de las jornadas democráticas y el respeto a la pluralidad partidista aprecia que desde el poder Ejecutivo se ataca a los partidos políticos de oposición, así como a las instituciones responsables del proceso, entonces lo que concluye es el debilitamiento de la vida institucional. Si además de lo anterior el gobierno fortalece de sobremanera a las instituciones armadas y les concede funciones que van más allá de sus razones fundacionales, entonces nos estamos aproximando a una desviación de la cultura democrática y nos aproximamos a gobiernos intolerantes que se sostienen por la intimidación y la cultura del miedo. 

La cuarteta aquí aludida es la base política de una nación moderna y democrática. Si entramos al plano económico y observamos que el crecimiento económico impulsa el desarrollo integral, entonces se ampliarán las oportunidades y se multiplicarán las probabilidades de una mejor calidad de vida.  

Desafortunadamente lo que hoy vemos es que las leyes no conllevan el espíritu de la justicia social, sino de la asistencia social. Que las elecciones corren el riesgo de que vuelvan a ser controladas desde el gobierno, que la doctrina es la intolerancia y la descalificación y que las armas son un mensaje de fortalecimiento que arropa al poder Ejecutivo. En otras palabras, la cuarteta está en peligro y es nuestra responsabilidad advertirlo, actuar democráticamente y no dejarnos intimidar.