Enrique Escobedo 

Esta semana he recibido una serie de alertas y denuncias por las redes sociales acerca del destino de los árboles de maderas finas y no tan finas que obtiene el gobierno de la República al talar indiscriminadamente la selva con motivo de la construcción del Tren Maya. Al respecto me sumo a la indignación y a la interrogante de conocer quién se está beneficiando de ese negocio. Al que ya le llaman “las maderas de sangre” aludiendo a los diamantes de sangre que se extraen mediante la nueva esclavitud en África. 

El tráfico con maderas preciosas como la caoba en el mercado ilegal, dicen algunas voces, es de cinco mil dólares por árbol. También las redes sociales hablan de contubernios en las aduanas de Tabasco, Chiapas y Quintana Roo, pues por ahí hacen fila camiones que trasladan los troncos. Nada de eso me consta. Pero la tala indiscriminada de árboles y su destino no ha sido informada por el gobierno. La lógica es que en algún lugar van a parar los troncos y la opacidad gubernamental es una realidad. 

Los estudios ambientales y las consecuencias negativas de un tren en esa zona del país son contundentes y recomendaron no realizar el proyecto. Pero el presidente insiste y lo hace escudándose en que no tiene que informar en nombre de un Decreto cuyo pueril argumento es que se trata de un asunto de seguridad nacional. Aquí vale informar que tal Decreto ya fue invalidado jurídicamente.  

Me sorprende que la Comisión de Medio Ambiente y Recursos Naturales de la Cámara de Diputados no dice algo al respecto. Tampoco la Secretaría de Hacienda acerca de la salida de los cargamentos de camiones con los troncos que al parecer salen por la frontera sur. No he escuchado una explicación de la Secretaría del Medio Ambiente, tampoco de FONATUR y mucho menos de la voz del presidente López Obrador. Tanto silencio me parece sospechoso.  

No soy representante de compañías trasnacionales ni mexicanas que se oponen a la construcción del tren maya, tampoco soy una pseudo-ecologista, como diría el presidente. Soy un mexicano preocupado por el destino de esas maderas preciosas y tengo el derecho a saber de acuerdo con el artículo seis de nuestra Constitución Política acerca del destino de esos recursos de la nación.   

Ojalá para cuando se publique este artículo ya algún representante de los poderes legislativo y ejecutivo haya dado respuesta acerca del destino de los troncos de árboles de maderas preciosas. El tema es serio y delicado, pues puede prestarse a actos de corrupción y a la violación en materia de rendición de cuentas. Tantos miles de hectáreas han sido talados y no saber acerca del destino de esas maderas es una llamada de atención a la población y a las autoridades. 

No estoy acusando a alguien, solo señalo una anomalía en el proceso de construcción del tren maya. Léase, la falta de transparencia, pues ya quedó claro que la intentona de Decreto de solaparse en la seguridad nacional no prosperó. De ahí que es legítima la pregunta y estoy cierto que miles de mexicanos queremos saber acerca del destino de las maderas de las selvas mexicanas.