Desde hace un tiempo, es común ver cómo nada se escapa del afán pseudotransformador del actual régimen. Por supuesto, hablo de la manera constante en que el gobierno ha buscado incidir y “revolucionar” las instituciones “neoliberalizadas”. Como resultado obvio, si se toca a las instituciones también hay un impacto en la ciudadanía, a todos los niveles. Sin embargo, en estos tres largos, largos años hemos visto a las autoridades dedicarse a realizar cambios sin ton ni son, sin pensar en las consecuencias.
Pienso ahora, con motivo del Día del Niño, lo que supone el reciente anuncio del nuevo modelo educativo, comunicado por Marx Arriaga, director de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública. Este funcionario, ya famoso por sus exabruptos en relación con la lectura y los libros de texto, vuelve a insistir en que el objetivo supremo de los planes educativos debe ser “desneoliberalizar” todo de raíz. Es posible observar así que la verdadera prioridad del gobierno está centrada en construir un discurso ideológico y no en cuidar a las niñas, niños y adolescentes y su entorno.
Dadas las condiciones de nuestra sociedad, programas como el de “Escuelas de Tiempo Completo” resultaban un alivio para los padres de familia, mientras que los alumnos fortalecían sus habilidades estando un poco más de tiempo en la escuela. La infancia es una etapa primordial en el desarrollo humano, psicológico y social, por tanto, se les debe procurar un ambiente seguro (según el INEGI, en México los accidentes son la principal causa de muerte para niños y jóvenes de 1 a 14 años, y es una verdad estadística que la gran mayoría de los accidentes ocurren en el hogar). Más específicamente, ese ambiente debería basarse en el conocimiento de los expertos en educación y en desarrollo infantil.
La esencia de la propuesta “marxarriaguista”, y su buscada aplicación, tiene todo menos fundamentos educativos, pedagógicos y cognitivos: no esconde, pues, su verdadera (pero no por ello sensata) intención. Con el pretexto de luchar contra un “modelo neoliberal meritocrático conductista”, se quiere inculcar en los alumnos un sentimiento de agradecimiento por todos los supuestos logros y regalos que la 4T le ha dado al pueblo. Pero la niñez mexicana merece respeto y no permitiremos que sea objeto de manipulación por enconos arraigados y enfermizos. Tal como lo expresó el escritor Juan Villoro en respuesta al penoso pensamiento que encabeza este texto: “Leer por placer y ser feliz en un mundo donde existe Marx Arriaga son actos de disidencia que vale la pena practicar”.














