Enrique Escobedo
La esclavitud se define como una forma de organización social en la cual una persona es legalmente dueña de otra. Léase algunos seres humanos son vistos como propiedad y deben responder al amo sin pago alguno o emolumento o recompensa. Esa posesión de individuos surgió en muchas sociedades y fue un fenómeno que imperó desde la antigüedad. Afortunadamente, desde el siglo XVIII surgió la idea de la igualdad entre los seres humanos y prácticamente en el siglo XIX los movimientos antiesclavistas fueron ganando la batalla. La Declaración Universal de los Derechos Humanos promulgada por la Organización de las Naciones Unidas de 1948 prohíbe toda forma de esclavitud.
Por lo anterior pareciera difícil pensar que en pleno siglo XXI perdure esa relación entre seres humanos y que ya es asunto del pasado. Empero no es así, hoy sigue existiendo el esclavismo de muchas maneras: a) el matrimonio infantil forzado y las niñas deben obedecer a varones adultos que se aprovechan de ellas; b) la trata de personas obligadas a la prostitución; c) la prostitución infantil y juvenil; d) gente que acepta laborar por un salario menor al mínimo y, e) esclavos que carecen de todo tipo de libertad y a los cuales no se les paga.
La nueva esclavitud es una vergüenza para la humanidad y, duele reconocerlo, en nuestro país algunos individuos coludidos con algunas autoridades se dedican al tráfico de personas y las tratan como animales de carga. No es la regla y nuestro país, independientemente del partido político que nos gobierna, combate ese flagelo. Empero no ha sido lo eficaz que se desea.
La nueva esclavitud la controlan los cárteles del crimen organizado. Es cierto, ya no les ponen a las personas grilletes, ni cadenas, ni las marcan con hierros ardientes como al ganado. En todo caso las convierten en adictos y farmacodependientes o amenazan a las familias a fin de que algún miembro de la familia sea el esclavo. Esas mafias se aprovechan de la necesidad de la gente y gran la cantidad de desempleados. La nueva esclavitud recluta jóvenes, mujeres y ancianos necesitados de trabajar en condiciones insalubres o peligrosas, se les amenaza con la mutilación o la muerte si acaso denuncian ante las autoridades su situación.
La nueva esclavitud existe desafortunadamente en nuestro país y en otras naciones, incluido los Estados Unidos y algunos países europeos. Está penada y los gobiernos la combaten y conceptualizan bajo formas jurídicas que evitan el nombre de esclavitud a fin de evitar la vergüenza. No obstante, esa es la categoría correcta si de dignidad humana hablamos. Así tenemos que lo ocurrido el pasado día 10 de diciembre Chiapas, en el que viajaban migrantes centroamericanos en el vagón de un tráiler y murieron 55 seres humanos. Se trata de una tragedia y es una llamada de atención a las autoridades, pues las prioridades de la actual administración deben ser revisadas.
La política pública de la actual gestión debe repensarse en términos de objetivos, estrategias y presupuestos, pues es claro que por un lado es un asunto de seguridad nacional. Por el otro es de dignidad humana, la cual está representada en este caso por migrantes cuyo sueño es un trabajo honesto, merecedor de la convivencia pacífica, creadora y constructiva. Esos que lucran sin escrúpulos en contra de los migrantes deben recibir todo el peso de la ley, sobre todo porque son esclavistas y lo paradójico del asunto es que sus bisabuelos lucharon en contra de esa forma de explotación humana.
Qué bueno que el gobierno de la República expresó sus condolencias a los familiares de los fallecidos, ahora es necesario e impostergable atacar ese fenómeno, pues muchos connacionales lo padecen allende el Bravo y no basta con culpar a nuestros vecinos y pedirles que sean laxos en sus leyes migratorias. La actual gestión tiene un compromiso de combatir la corrupción y en el Instituto Nacional de Migración, por lo visto, no saben acerca de esa decisión.












