Bernardo López 

“Una de las corcholatas me va a entregar a mis enemigos”: ¿esto le habrá dicho su “mesías” a los aspirantes a la presidencia de la República de Morena? Durante la “última cena” que tuvieron en un restaurante del Centro Histórico, el pasado 5 de junio. 

Parece que la “corcholata desesperada” ha tomado el papel de Judas, pues desde el año pasado ha mostrado su impaciencia porque le cumplan sus demandas para ser ungido, bajo la amenaza de romper. No ha pasado desapercibido los llamados de “unión, unión, unión”, durante la celebración del Consejo de Morena. 

La “corcholata judas” también desconoció el mantra del “pejelagarto”: no mentir, no robar y no traicionar al pueblo; luego de desconocer los acuerdos a los que llegaron todos los aspirantes de Morena a la candidatura por la Presidencia de México. 

En el teatro del partido oficial la “corcholata judas” mostró de forma acelerada su verdadero rostro de deslealtad, sin embargo, su osadía y desesperación van a ser mal vistas ante los ojos del gran elector, quien al parecer ya tomó una decisión -posiblemente desde hacer tres años. 

Porque su “mesías” no necesita de alguien que le desafíe y ponga en riesgo su proyecto de la 4T, todo lo contrario, requiere de alguien que no falle en seguir las directrices trazadas en su sexenio, algo que las otras corcholatas representan mejor, al ser pacientes y respetuosas de los tiempos, pero en especial la “corcholata puntera”. 

De la misma forma, no por madrugar amanece más temprano, por lo que la “corcholata puntera” no debe preocuparse por los desplantes de desesperación de su adversario, pues la “corcholata judas” está haciendo la imitación de campaña que desplegó el presidente Obrador en 2018, grave error estratégico; el 2024 no es el 2018. 

La corcholata puntera debe ser precisa en identificar el “zeitgeist”, para lograr conectar con los electores, quienes se encuentran más sumergidos en las redes sociales, han padecido los estragos de “la pandemia”: desde la pérdida de familiares, desempleo o secuelas por las inyecciones del experimento genético. 

La columna vertebral de su campaña no debe ser el discurso de las mujeres, porque, como lo hemos dicho anteriormente, no se trata de ser mujer u hombre, es de capacidades y de conocimiento para resolver los problemas del país, porque a las personas les importan muy poco el sexo de la persona, quieren resultados. 

Hemos de repetir que bajar la guardia o confiarse es el peor error que puede cometer la corcholata puntera, pero sí debe apresurarse a lograr mayores simpatías, pues la selección de la “corcholata” es el primer acto.