Judith Sánchez Reyes
Acapulco, Guerrero.- La normalidad parece no querer regresar a Acapulco. El viernes pasado se cumplió un año del paso destructor de Otis, huracán categórica 5 que cambió la vida bulliciosa de este caluroso y paradisíaco destino turístico y sus habitantes.
Todavía muchos acapulqueños siguen de luto, todavía muchos no pueden hablar sin que se les quiebre la voz al relatar lo que vivieron esa noche del 24 de octubre y lo que han tenido que pasar a consecuencia de este fenómeno natural.
Muchos siguen llorando sus pérdidas, las de sus seres queridos, principalmente; pero también le lloran a sus humildes viviendas, esas que por más que los quisieron proteger, terminaron por dejarse llevar por las ráfagas de viento y, qué decir de sus pequeños negocios, que además de almacenar artículos – y una que otra chuchería – también tenía sueños.
Acapulco seguía dolido, sus cicatrices estaban visibles en paredes de hoteles, restaurantes y locales. ¡Vaya, Acapulco seguía en duelo!, solo habían pasado 11 meses, pero eso a “John” no le importó, llegó mostrando su fuerza, con torrenciales lluvias, inundando lo que ya se había secado y, derrumbando lo que ya estaba fracturado.
Este es el caso de la Playa Revolcaderos, ubicada en la zona Diamante, donde una docena de pequeños restaurantes se vinieron abajo, otro tanto están riesgo, debido a que el mar al parecer reclama su territorio, lo que siente le pertenece.















